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Tamaulipas

  • Masonería: ni brujos ni misas negras

    Hace diez años escribí un artículo sobre la masonería para el periódico El Mañana de Reynosa. Por casualidad, me reencontré con el mientras googleaba algunos términos relacionados con esta sociedad de hombres libres y de buenas costumbres.

    Este descubrimiento trajo a mi mente muchos recuerdos de ese trabajo periodístico, y de mi relación con algunos miembros de la Gran Logia de Libres y Aceptados Masones de Tamaulipas.

    Hoy comparto aquí el artículo íntegro, con el debido crédito a mi antigua casa editorial, El Gran Diario Regional Independiente.

    Masonería: ni brujos ni misas negras

    De la masonería “se dicen muchas cosas… Los únicos ‘secretos’ son ciertos signos y palabras”, pero en el fondo, dice el gran maestro César Kernz Pérez, es “una escuela-fraternidad, ahí emprendemos el camino hacia la superación, es un camino muy largo y espinoso, pues se trata de trabajar al interior de uno mismo”.

    Más allá de ser una sociedad secreta, la masonería y sus miembros son discretos. Definida por sus miembros como una escuela filosófica, la organización no es un club, partido político o religión, sino una fraternidad que mantiene un compromiso con las virtudes y la verdad.

    En Reynosa existen ocho logias masónicas del rito escocés, con alrededor de 200 miembros. En todo Tamaulipas prevalecen al día 90 de ellas, con una población estimada en los 2 mil masones. 

    Y se extienden por todo el mundo, en países como Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Alemania, Grecia, Irlanda, Argentina, Perú, Brasil, Marruecos, Colombia, Japón, y otros tantos.

    César Kernz Pérez, Muy Respetable Gran Maestro de la Gran Logia de Libres y Aceptados Masones de Tamaulipas, explica a los lectores de EL MAÑANA algunos aspectos, muy básicos, de la organización.

    ¿SOCIEDAD SECRETA?

    Uno de los señalamientos más pronunciados en relación a la comunidad masónica, es la poca información que se tiene de sus actividades, y sobre todo, en la privacidad que guardan muchos de sus integrantes.

    “Se dicen muchas cosas, yo no considero que se trate de una sociedad secreta, sus miembros somos ampliamente conocidos, así como el lugar y la fecha de nuestras reuniones. Los únicos ‘secretos’  son ciertos signos y palabras”.

    “No se hacen misas negras, ni se trata de brujería, no se le rinde culto al diablo como se dice en internet, no existe una guerra con las religiones y sus líderes; por el contrario, se trata de una discusión y análisis libre acerca de variados temas de orden cultural, pero sobre todo de aprender a ser mejores personas”, enfatiza Kernz Pérez.

    ¿Cual es la finalidad de la masonería?, se le cuestionó.

    “La masonería es una escuela-fraternidad, ahí emprendemos el camino hacia la superación, es un camino muy largo y espinoso, pues se trata de trabajar al interior de uno mismo”. “Es vencer vicios y costumbres negativas, eso resulta ser una carrera que dura toda la vida, es vivir en el perfeccionamiento del hombre en un individuo justo e inteligente”, respondió.

    ¿Quienes pueden entrar o ser parte de esa fraternidad?

    “Para ingresar a la Orden se requieren condiciones morales e intelectuales, sobre todo, la creencia en la existencia de un Ser Supremo, al que nombramos Gran Arquitecto del Universo”.

    “Uno debe recibir una invitación previa de algún miembro, o bien, el interesado también puede pedir su ingreso. Sin embargo, en cualquiera de los casos se hace una investigación de su conducta y cualidades».

    LOS SÍMBOLOS

    Los masones utilizan diversos símbolos, el máximo líder de la Orden en Tamaulipas, explicó que ello se debe a que una de las formas de aprender es por medio del simbolismo.

    El origen de algunos de ellos, proviene de la construcción; el nivel, el compás, la escuadra, la plomada, el mandil, y otros más, son instrumentos usados por los albañiles y arquitectos.

    “El icono perfecto más conocido a nivel mundial de la masonería son el compás y la escuadra. El compás representa los trazos perfectos y la escuadra el medir nuestras acciones”.

    “Esos símbolos muchas veces nos llevan a la reflexión, el poner expresar una especie de unión de lo interior con lo exterior; la mayoría de ellos provienen de orígenes de la construcción”, explicó.

    Esas herramientas son consideradas muy importantes por los masones, ya que evocan la edificación de grandes obras, con la que es conmemorada la ‘Gran Obra’ o la existencia misma, del Gran Arquitecto del Universo. 

    PARTICIPACIÓN DE LAS MUJERES

    El ala altruista de la masonería son las damas; muchas esposas y madres de los masones forman parte de las Asociaciones de Beneficencia y Cultura (ABC), en las que surgen actividades de carácter social y del bien común. En Reynosa hay dos de ellas.

    “Tenemos un brazo muy fuerte, que son las mujeres, ellas son el rostro amable y benefactor de esta organización. Son quienes desde hace décadas han llevado a cabo tareas altruistas”.

    “Ellas hacen obras de caridad a nuestro nombre, pero nunca lo hacen con el afán de salir en el periódico, o con la intención de ganarse un premio de altruismo, sino de hacerlo de forma desinteresada realmente”, declaró el Muy Respetable Gran Maestro.

    Contrario a lo que se piensa, si hay mujeres dentro de la masonería, han existido logias mixtas en Reynosa y prevalecen en México y varios países, en donde las féminas han destacado por sus altos conocimientos filosóficos.

    La masonería es una escuela-fraternidad, ahí emprendemos el camino hacia la superación”. César Kernz Pérez, Muy Respetable Gran Maestro de la Gran Logia de Libres y Aceptados Masones de Tamaulipas 

    CÓDIGO MORAL MASÓNICO

    Miembros de la masonería en Reynosa facilitaron a este medio los lineamientos que les rigen de manera moral, a los que se apegan desde el momento de su iniciación.

    Artículo originalmente publicado el 23 de noviembre de 2014 en las versiones impresa y digital de EL MAÑANA DE REYNOSA: https://www.elmanana.com/masoneria-ni-brujos-ni-misas-negras/2720279

  • Ciudad ‘Gustavo Díaz Ordaz’: En el nombre se lleva la penitencia

    Nombrar calles, plazas, colonias y ciudades en honor a personajes históricos es una tradición en México. Un gesto que, en teoría, busca preservar la memoria de quienes dejaron huella en la historia. Sin embargo, muchas de estas distinciones terminan siendo homenajes involuntarios a figuras políticas cuya sombra es más grande que su legado.

    Este debate resurge con fuerza en Tamaulipas. Nataly García Díaz, alcaldesa electa del municipio fronterizo de Gustavo Díaz Ordaz, ha planteado la posibilidad de eliminar ese nombre y devolverle su designación original: San Miguel de Camargo, título que ostentó desde 1880 hasta 1968, cuando fue rebautizado en honor al entonces presidente en funciones.

    El problema es evidente. Gustavo Díaz Ordaz no es un nombre neutro. Su figura está marcada por el episodio más oscuro de su administración: la matanza del 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas. Un crimen de Estado que sigue envuelto en incertidumbre. Los cálculos de víctimas fatales varían: algunos informes hablan de 150 muertos; otros, de hasta 350. Jóvenes, en su mayoría estudiantes, ejecutados por militares en un acto que ha sido documentado como una de las represiones más brutales en la historia de México.

    Hay mucho que decir sobre esta terrible masacre. Activistas, historiadores, periodistas, políticos y académicos han expresado sus opiniones y evidencias al respecto. Los hechos se resumen en la evidencia del aparato represor que encabezó Díaz Ordaz, y por supuesto, en la complicidad de otros tantos.

    Una memoria incómoda

    A lo largo de los años, activistas, historiadores y periodistas han reconstruido los hechos, desmontando la versión oficial. Petteri Taalas, excomisionado ejecutivo de Atención a Víctimas, lo describió con crudeza en el 50 aniversario de la masacre:

    “Fue la brutal culminación de delitos que podrían ser considerados crímenes de lesa humanidad, perpetrados desde el gobierno de México en contra de los estudiantes a lo largo de ese año, caracterizados por las detenciones masivas, arbitrarias e ilegales, y por la planificación detallada y el alto grado de entrenamiento de las fuerzas represivas que participaron en los hechos. Así lo han calificado los sobrevivientes de ese movimiento, quienes exigen que a los responsables se les juzgue por genocidio.”

    Liga del texto original, publicado en el portal de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos:

    El expresidente nunca pidió perdón ni asumió responsabilidad. Murió en 1979, pero su apellido sigue presente en el paisaje urbano mexicano. Y no es el único. Luis Echeverría Álvarez, secretario de Gobernación en aquel gobierno y sucesor de Díaz Ordaz en la presidencia, también ha sido honrado con calles, colonias y monumentos, pese a su papel en la Guerra Sucia y la represión del Halconazo en 1971.

    ¿Un acto de justicia histórica o una distracción?

    La propuesta de cambiar el nombre de la ciudad de Gustavo Díaz Ordaz no es solo simbólica. Representa una pregunta de fondo: ¿por qué seguimos rindiendo tributo a quienes representan episodios de abuso y violencia?

    Desde el punto de vista práctico, la iniciativa plantea desafíos. ¿Qué opinan los habitantes de la ciudad? ¿Les preocupa el peso histórico del nombre o lo consideran irrelevante en comparación con problemas más urgentes?

    La alcaldesa ha mencionado en entrevistas que someterá la decisión a una consulta popular, pero el trámite no es sencillo. Más allá del debate moral, un cambio de nombre implica una serie de modificaciones administrativas: desde identificaciones oficiales hasta registros catastrales y documentación legal.

    En paralelo, el municipio enfrenta desafíos más concretos: infraestructura deficiente, inseguridad, falta de inversión y oportunidades económicas desaprovechadas debido a su ubicación fronteriza. ¿Es este el momento para un debate sobre el nombre de la ciudad o es una distracción ante problemas más apremiantes?

    La historia, como siempre, la contarán los vencedores. O en este caso, quienes decidan qué nombres seguirán marcando nuestro espacio público.