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Reynosa

  • Una apuesta por la salud

    En una región marcada por contrastes entre desarrollo industrial y rezago social, el anuncio de una nueva Universidad de la Salud en Reynosa representa más que una obra pública. Es una señal de atención a una frontera que durante años ha demandado mayor inversión educativa. En lugar de promesas vacías o cifras abstractas, la decisión plantea una posibilidad concreta para que más jóvenes puedan formarse profesionalmente sin tener que abandonar su ciudad.

    La noticia no vino sola. Fue parte de un conjunto de acciones anunciadas por el secretario de Educación de Tamaulipas, Miguel Ángel Valdez García, durante su visita a esta ciudad fronteriza. En cifras duras, se prevé que el ciclo escolar 2025-2026 arranque con un millón 20 mil 620 alumnos en el estado. De ellos, 644 mil cursarán la educación básica, 145 mil la media superior, más de 67 mil formación para el trabajo y 163 mil estarán inscritos en educación superior. Tamaulipas representa casi el 3% de la matrícula nacional. No son pocos, y sin embargo, en muchas regiones, siguen siendo invisibles.

    Reynosa es un epicentro productivo. Es un músculo industrial que genera empleo, inversión y presión social. Pero el desarrollo económico ha ido mucho más rápido que el educativo. Mientras las maquiladoras exigen personal técnico y profesional, muchos jóvenes migran, se estancan o se frustran por no encontrar un camino claro para formarse en su propia tierra. El anuncio de una Universidad de la Salud, con carreras como medicina, biomedicina y nutrición, abre una posibilidad real de construir futuro sin tener que abandonar el territorio.

    Y es que el fenómeno no es menor. Formar médicos en la frontera no solo implica atender la demanda profesional, también impacta directamente en el acceso a la salud pública. Esta región ha sido históricamente golpeada por la precariedad de los servicios sanitarios, con hospitales rebasados y zonas donde la atención médica es un privilegio más que un derecho. Que se forme talento local significa arraigo, identidad, y eventualmente, una red de profesionales comprometidos con la zona que los vio crecer.

    La salud no puede ser una aspiración de élites centralizadas. Debe democratizarse, y eso se hace desde las aulas. La Universidad de la Salud no es una panacea, pero sí un gesto estratégico que tiene el potencial de romper inercias. Si se le dota de calidad académica, instalaciones dignas, planta docente preparada y vinculación institucional, puede convertirse en un bastión formativo. No es suficiente que exista, debe ser competitiva, accesible y sensible a las realidades de la frontera.

    La decisión de instalar esta universidad en Reynosa no es gratuita. La ciudad carga un peso demográfico y económico que pocas veces es correspondido con infraestructura educativa de alto nivel. El número de jóvenes que egresan de preparatoria cada año en esta zona es alto, y muchos de ellos terminan en trayectorias truncas, atrapados entre la necesidad de trabajar y la imposibilidad de costear estudios fuera de la ciudad. Para ellos, una universidad pública enfocada en salud podría representar algo más que una oportunidad académica. Podría ser la primera vez que se sientan parte de un proyecto colectivo de transformación.

    El otro anuncio importante fue la construcción del CBTIS 302. Es también relevante, porque la media superior es el cuello de botella del sistema educativo. Muchos jóvenes desertan en esa etapa por razones económicas o sociales. Fortalecer la oferta técnica y tecnológica, y más aún, incorporar el modelo de educación dual -que permite al estudiante formarse tanto en el aula como en un centro de trabajo- es una vía inteligente de conectar educación con empleo. Pero este modelo debe cuidarse de no convertirse en una excusa para mano de obra barata. Debe garantizarse que el componente formativo esté por encima del utilitario.

    Hablar de cifras también permite dimensionar el reto. Más de 55 mil docentes atenderán a una matrícula de más de un millón de alumnos en todo el estado. Son 7,233 escuelas las que forman el entramado educativo. Son datos que imponen respeto, pero también exigen reflexión. ¿Qué tipo de educación están recibiendo esos alumnos? ¿Qué futuro les estamos ofreciendo más allá de los números?

    El programa de útiles escolares para educación básica, así como la distribución de libros de texto ya confirmada, son apoyos logísticos valiosos. Pero son, al final, acciones de mantenimiento. Lo que realmente marca diferencia son las decisiones estructurales, como la creación de nuevas instituciones en zonas estratégicas. Y Reynosa lo es. No solo por su tamaño o su peso económico, sino porque es un termómetro de lo que ocurre cuando el Estado decide invertir en los márgenes.

    El contexto no es sencillo. La obesidad infantil y las adicciones en adolescentes -señaladas por el propio secretario- son problemáticas que requieren algo más que programas temporales. Requieren intervención interinstitucional, continuidad, voluntad política y educación crítica. Por eso es clave que la formación en salud no se limite a lo clínico. Debe incluir una dimensión social, comunitaria, preventiva. Que los futuros médicos y nutriólogos entiendan el contexto donde van a ejercer. Que no estudien para irse, sino para quedarse.

    La frontera no solo necesita seguridad. Necesita salud, educación, arte, ciencia y esperanza. Necesita proyectos como este, que aunque aún no está construido ni tiene fecha exacta de apertura, ya genera conversación, ya dibuja una posibilidad.

    Lo importante ahora será el seguimiento. Que no se trate solo de una promesa ni de un monumento al olvido. Que esta universidad se construya con visión, con voces locales, con participación real de la comunidad académica y estudiantil.

    Porque las ciudades que enseñan a sanar, también sanan sus heridas.

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  • Silencio con olor a pólvora

    La música se apagó. El eco de los últimos acordes del Grupo Fugitivo, una joven agrupación norteña, quedó sepultado por el silencio que deja la violencia cuando arrasa con todo. El caso estremeció al estado entero no solo por lo doloroso, sino por lo profundamente simbólico. El hallazgo de cinco cuerpos que corresponden a los integrantes desaparecidos sacudió la memoria colectiva de una ciudad que, desde hace más de quince años, ha aprendido a vivir con miedo, a continuar con la vida aunque la sombra del crimen organizado se proyecte sobre cada esquina, cada negocio, cada familia.

    Reynosa no es una ciudad ajena al sufrimiento. Ha sido testigo de múltiples etapas de violencia, desde los enfrentamientos armados hasta la más reciente expansión del crimen como una estructura paralela que cobra piso, extorsiona, secuestra y asesina sin freno. Lo que antes eran hechos esporádicos en la mancha urbana, hoy se sienten como parte de un sistema que muta y crece. La ciudad, generosa y trabajadora, ha recibido a miles en busca de oportunidades. Sin embargo, el abrazo que alguna vez dio esperanza se siente hoy atrapado entre el temor y la resignación.

    El caso del Grupo Fugitivo es una herida abierta. Cinco jóvenes, entre ellos un representante, desaparecieron tras acudir a una presentación privada en la colonia Rancho Grande. Cámaras de seguridad los captaron ingresando al lugar, pero no hay registros de su salida. Luego se supo que el lugar donde tocarían no era más que un terreno baldío. Su camioneta apareció sin logotipos y se detectaron rastros de sangre. Lo que siguió fue una búsqueda desesperada, familiares, ciudadanos, músicos y colectivos de desaparecidos se unieron. Protestaron frente a la presidencia municipal y en el puente internacional Reynosa-Pharr, con el deseo de encontrar con vida a los integrantes de la banda.

    Pero la esperanza se rompió. La Fiscalía confirmó que los cuerpos encontrados en un predio de la misma zona presuntamente correspondían a los músicos. Nueve personas fueron detenidas y se aseguraron armas y vehículos. 

    Este caso es especialmente devastador porque refleja hasta qué punto la presencia criminal ha invadido, desde hace muchos años, todos los rincones de la vida cotidiana en Reynosa. Lo que alguna vez fueron excepciones, hoy son parte del paisaje social. Lo sabe usted y lo sé yo, es del dominio público: negocios que pagan extorsión, calles marcadas por la violencia, niños que crecen sabiendo qué hacer cuando hay una balacera, jóvenes que aprenden a evitar ciertas zonas, ciertos horarios, ciertas personas. No hay familia en Reynosa que no tenga una historia ligada, directa o indirectamente, a la violencia. La inseguridad se ha convertido en una experiencia transversal, un enemigo silencioso que acompaña al ciudadano en el trayecto al trabajo, en las reuniones familiares o de amigos, en las decisiones más básicas del día a día.

    Este fenómeno ha generado un daño profundo en el tejido psicológico de la ciudad. No se trata solo de estadísticas, sino de una fractura emocional acumulada. Hay generaciones enteras marcadas por el miedo, por la incertidumbre, por la falta de horizontes. La juventud, que debería construir sueños, crece con la convicción de que el crimen lo ve todo, lo escucha todo, lo controla todo. El luto se ha convertido en rutina, y la esperanza, en un acto de resistencia silenciosa.

    La muerte de los integrantes de Grupo Fugitivo también simboliza algo que va más allá de la violencia puntual. Representa la imposibilidad de crear, de expresarse, de tener una vida normal en una ciudad que ha sido atrapada por fuerzas que no se detienen. No es solo la pérdida de cinco personas, es la pérdida de lo que podrían haber sido, de su música, de sus familias, de su futuro. Y es también el recordatorio de que en Reynosa cualquier persona puede desaparecer, de que nadie está completamente a salvo.

    A pesar de todo, la ciudad sigue. Porque Reynosa, como tantas ciudades heridas de México, no se rinde. Hay desarrollo, hay industria, hay trabajo, hay esfuerzos institucionales. Pero el costo humano es inmenso. Se ha avanzado, sí, pero se convive con un dolor que rara vez se expresa a fondo. La sociedad ha aprendido a endurecerse, pero ese endurecimiento también significa desgaste, agotamiento, desconfianza. Significa una vida vivida a medias, con los sentidos alerta, con el alma en pausa.

    La pregunta no es solo cómo sucedió esto, sino hacia dónde vamos. ¿Qué nos dice este caso sobre el estado del país? ¿Qué le espera a Reynosa en los próximos años? ¿Cómo se reconstruye una comunidad donde la maldad ha tocado prácticamente cada puerta? Los que se fueron ya no volverán, pero los que quedan necesitan paz, necesitan una ciudad donde el miedo no dicte las reglas.

    Reynosa se encuentra al borde de un precipicio social. Una ciudad que abrió los brazos al progreso, a la inversión, al movimiento económico, hoy lucha por no perder más terreno entre las sombras. Las nuevas generaciones enfrentan un laberinto donde cada salida parece un espejismo. 

    No es justo que los sueños se apaguen con balas, que personas desaparezcan al buscar ganarse la vida con su música o que esta se convierta en una sentencia de muerte. Que no se nos olvide que cada silencio impuesto por el miedo es una derrota para todos.

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    Publicado en El Mañana de Reynosa: https://www.elmanana.com/opinion/columnas/silencio-con-olor-a-polvora-5986361.html

  • Frontera, con saldo a favor

    Las cifras suelen tener una cualidad silenciosa: no hacen mucho ruido, y algunas de ellas no aparecen en discursos; pero cuando se analizan con detenimiento, revelan más de lo que parece. 

    El reciente informe de la Agencia Nacional de Aduanas de México sobre el primer trimestre de 2025 muestra algo que Tamaulipas debe leer con atención, porque en medio de tensiones comerciales, presiones externas y amenazas que vienen desde Estados Unidos, hay algo que la frontera mexicana está haciendo bien; en especial, Tamaulipas.

    Nuevo Laredo, Matamoros y Reynosa no sólo son puntos clave del comercio exterior, son también líderes nacionales. En el primer trimestre de 2025, estas tres aduanas tamaulipecas se colocaron entre las cinco con mayor recaudación en todo México, y juntas concentraron más del 60 por ciento del movimiento aduanal en la frontera norte.

    Durante el periodo de enero a marzo se registraron más de cinco millones de operaciones de comercio exterior en México. Aunque esto representa una ligera caída respecto al mismo lapso de 2024, con una baja del 2.1 por ciento, lo que más importa no es sólo la cantidad, sino dónde ocurre lo crucial. Y ahí Tamaulipas vuelve a colocarse en el centro del comercio nacional.

    La aduana de Nuevo Laredo se mantuvo como la número uno del país, con más de 1.2 millones de operaciones; una cifra que por sí sola representa el 36 por ciento del total nacional. Aun con una ligera baja del 1.6 por ciento respecto al año pasado, Nuevo Laredo sigue sosteniendo, con fuerza y eficiencia, una parte clave de la economía mexicana. Y no lo hace sola. Reynosa y Matamoros también están entre las diez aduanas con más operaciones.

    Pero si el volumen es importante, la recaudación lo es aún más. En un contexto donde los ingresos públicos enfrentan presiones, el papel de las aduanas como generadoras de recursos se vuelve fundamental. Y ahí, de nuevo, Tamaulipas da la nota alta: la aduana de Nuevo Laredo recaudó 56 mil 820 millones de pesos en el primer trimestre del año; esto no sólo la coloca como la número uno del país, con una participación del 48 por ciento en la recaudación nacional, sino que lo hizo creciendo un 24.8 por ciento respecto al mismo periodo del año anterior.

    Matamoros y Reynosa no se quedan atrás: ambas aparecen en el top cinco nacional. Matamoros con casi 8 mil millones de pesos, un crecimiento del 26.6 por ciento; Reynosa con más de 7 mil millones, creciendo al 8.3 por ciento. Estos no son datos menores, son cifras que revelan una capacidad que, muchas veces, se da por sentada; hablan de procesos, de vigilancia, de eficiencia administrativa. En otras palabras, hablan de una frontera que no sólo lidera el dinamismo de la economía tamaulipeca, sino que cumple con su deber fiscal.

    Y, sin embargo, estas cifras también contrastan con otros relatos, los que se construyen desde fuera. Donald Trump, desde su campaña, ha insistido en endurecer el trato hacia México, ha amenazado con nuevos aranceles, ha despreciado la utilidad del T-MEC, incluso ha propuesto enviar tropas a territorio mexicano para combatir el crimen organizado. En ese discurso de confrontación, la frontera aparece siempre como un espacio problemático, como un lugar donde se origina el caos.

    Pero el informe de la Agencia Nacional de Aduanas dice otra cosa: Muestra una frontera que sostiene el comercio bilateral más importante del continente, una frontera que recauda casi la mitad del ingreso aduanal del país, una frontera que, lejos de ser un lastre, es un activo, un motor, un espacio que debería defenderse con políticas públicas, no con muros.

    El reto, claro, no termina ahí, porque estas cifras también revelan desigualdades internas. Nuevo Laredo, Matamoros y Reynosa concentran los beneficios, pero también los riesgos. Son territorios con actividad intensa, pero también con alta presión logística, con infraestructura que requiere modernización constante y con comunidades que no siempre se benefician de ese dinamismo; por eso, hablar de comercio exterior también implica hablar de desarrollo local, de cómo hacer que los ingresos que se generan en estas entidades se traduzcan en bienestar para quienes viven ahí.

    Es momento de repensar a la frontera no como un espacio de vigilancia, sino como un territorio estratégico, como una plataforma para el desarrollo económico de México, como un punto donde el Estado debe invertir, no sólo vigilar. Porque el talento aduanal ya está ahí, la vocación productiva también, lo que hace falta es una visión más ambiciosa, que entienda que cada pipa, cada contenedor, cada tráiler que cruza por Tamaulipas lleva consigo una posibilidad de transformación. Y que esa posibilidad no debe perderse.

    Mientras en otras partes del país el debate gira en torno a la recaudación tributaria o la necesidad de atraer inversión extranjera, Tamaulipas ya está ahí siendo útil, eficiente, determinante. Y eso merece atención, merece seguimiento y, sobre todo, merece respaldo. No es casualidad que las principales aduanas del país estén aquí. Es resultado de años de consolidación institucional, de logística aprendida, de una relación constante con el comercio internacional.

    En tiempos donde los discursos nacionalistas amenazan con cerrarse al mundo, donde la guerra de tarifas resurge como amenaza global, Tamaulipas demuestra que la apertura no sólo es viable, sino rentable; que el comercio no es una debilidad, sino una fuente de estabilidad, y que una frontera bien gestionada puede ser más fuerte que cualquier tratado firmado a regañadientes.

    Por eso, cuando se mire a la frontera, cuando se hable de ella, no debe hacerse sólo desde la narrativa del miedo, también hay que hacerlo desde la evidencia. Y la evidencia es clara: Tamaulipas sostiene, recauda y mueve. Y lo hace mejor que nadie.

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    Publicado en El Mañana de Reynosa: https://www.elmanana.com/opinion/columnas/frontera-con-saldo-a-favor-5980566.html

  • El hilo que sostiene la inversión

    En Tamaulipas, hablar de economía es hablar de movimiento. De cadenas logísticas que recorren de norte a sur, de parques industriales que dan empleo a miles, de puertos que enlazan al país con el mundo. Es hablar de Nuevo Laredo, Reynosa, Matamoros, Altamira y Tampico. Ciudades que viven del comercio exterior, de la manufactura, de la inversión. Por eso, cuando el entorno internacional se agita, aquí se resiente. Y en estos días, los temblores vienen de muchas direcciones.

    El Fondo Monetario Internacional acaba de elevar al 40 por ciento la probabilidad de una recesión en Estados Unidos, producto de la guerra arancelaria relanzada por Donald Trump. La advertencia, aunque técnica, tiene consecuencias prácticas para el norte de México. Algo que la presidenta Claudia Sheinbaum rechazó. La mandataria dijo que en el FMI no creen que el Gobierno pueda hacer nada para cambiar una situación que viene del propio mercado. 

    Lo cierto es que si se desacelera la economía estadounidense, se desacelera la demanda de bienes producidos en nuestras maquiladoras. Si se imponen aranceles, se encarecen las exportaciones mexicanas. Si el flujo se rompe, Tamaulipas no solo lo ve en cifras, lo siente en su empleo, en su consumo, en su actividad diaria.

    El FMI, en su último informe, proyecta incluso una contracción del 0.3 por ciento para México en 2025. No por errores internos, sino por el efecto de un entorno hostil. La economía mexicana, tan integrada al mercado estadounidense, es especialmente vulnerable a los vaivenes políticos del norte. Y aunque China ha sabido redireccionar parte de su comercio, nuestro país no tiene los mismos márgenes de maniobra. La vecindad, que es una bendición en tiempos estables, se vuelve una presión cuando las reglas cambian.

    En medio de este escenario global incierto, el Gobierno de México insiste en una narrativa de fortalecimiento interno. Y una de sus cartas más recientes es la Ley Nacional para Eliminar Trámites Burocráticos y Corrupción, presentada por la presidenta Claudia Sheinbaum junto con la Ventanilla Única de Inversiones. En otras circunstancias, habría sido un anuncio técnico. Hoy, cobra una relevancia política y económica distinta. Porque en tiempos de incertidumbre global, los países que más atraen inversiones no son necesariamente los que prometen más, sino los que ofrecen claridad.

    La Ventanilla Única busca digitalizar y simplificar los trámites necesarios para abrir, construir y operar una empresa. Unificar requisitos, reducir pasos, evitar duplicidades, permitir que desde una sola plataforma se gestionen permisos, licencias y validaciones. La meta es bajar de 51 a 32 trámites, de 2.6 años a 1 año el tiempo para concretar una inversión. Puede parecer un objetivo técnico, pero para Tamaulipas, es una necesidad estratégica.

    Ciudades como Reynosa o Nuevo Laredo no solo compiten con otras regiones de México. Hoy compiten con Texas, con Carolina del Norte, con Asia. En el escenario de hoy las empresas que instalan una planta en Matamoros, podrían hacerlo también en Brownsville. Y lo que inclina la balanza muchas veces no es el costo de la mano de obra, sino la certeza regulatoria. La posibilidad de que el proyecto no se atore por meses en alguna ventanilla. La confianza de que las reglas no cambien a mitad del camino.

    En ese sentido, si la Ventanilla Única cumple lo que promete, puede convertirse en uno de los pocos contrapesos reales al entorno adverso que se perfila. Tamaulipas tendría la oportunidad de posicionarse como un estado más ágil, más confiable, más atractivo. No con discursos, sino con hechos. No con slogans, sino con procesos simplificados y eficientes.

    Esto no anula los riesgos. Los aranceles estadounidenses siguen en pie. Las tensiones con China siguen latentes. La presión para replantear cadenas de suministro continúa. Pero en medio de esa tormenta, hay decisiones internas que sí se pueden tomar. Y una de ellas es reducir la fricción entre el inversionista y el Estado. Entre la intención de invertir y la posibilidad de hacerlo.

    El reto será convertir esta promesa en práctica. Porque no basta con lanzar una plataforma si los trámites siguen dependiendo de voluntades dispersas. Si las autoridades municipales no se suman, si las dependencias estatales no homologan sus procesos, si los servidores públicos siguen pensando en función de sellos y carpetas físicas. La digitalización no es solo una herramienta. Es una transformación cultural que exige voluntad política, capacitación técnica y, sobre todo, compromiso de largo plazo.

    En ese sentido, será valioso que Tamaulipas continúe fortaleciendo su participación activa en este esfuerzo nacional. Que aproveche su experiencia regional, que acompañe el desarrollo de buenas prácticas y que contribuya con propuestas que respondan a su vocación económica. 

    Lo que está en juego no es solo la eficiencia administrativa. Es el empleo de miles. Es la competitividad de la región. Es la posibilidad de que en un entorno internacional que se complica, el estado siga siendo una opción confiable para invertir y crecer.

    El momento no es sencillo. Las proyecciones del FMI, la incertidumbre en Washington, las tensiones comerciales con China, los cambios regulatorios globales, todo se cruza en una coyuntura difícil. Pero es precisamente en esas coyunturas cuando se define el rumbo. Cuando las decisiones técnicas se vuelven estratégicas. Cuando los detalles administrativos se convierten en ventajas competitivas.

    Tamaulipas tiene la geografía. Tiene la industria. Tiene talento. Ahora necesita el entorno adecuado para no perder lo que ha construido. En esta economía global cada vez más exigente, a veces lo que parece un trámite es en realidad un hilo. Uno que sostiene el futuro.

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    Imagen: Nayelly Tenorio

  • La otra corriente

    Reynosa volvió a ser epicentro de una tragedia que no se explica solo por la intensidad de la lluvia. El agua que cayó el 27 de marzo no fue la única responsable del desastre. Lo fue también la otra corriente, la de los años de omisiones, de infraestructura olvidada, de canales asolvados y de una red de drenaje convertida en un depósito de basura. En medio de ese contexto, la visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a la ciudad fronteriza, el viernes pasado, tuvo un alto contenido simbólico, pero también dejó al descubierto la urgencia de mirar más allá del lodo.

    La presidenta llegó acompañada del gobernador Américo Villarreal, de la secretaria de Energía y de la titular de Bienestar. En segundo plano, también estuvo presente el presidente municipal de Reynosa, Carlos Peña Ortiz. El recorrido se realizó en las colonias Ernesto Zedillo y Las Delicias, dos de las afectadas por el desbordamiento de los canales. Se anunciaron apoyos directos para las familias, ocho mil pesos para limpieza, además de un paquete que incluye refrigerador, estufa, colchón, vajilla y ventilador. La distribución estará a cargo de la Secretaría de la Defensa Nacional, y los beneficiarios serán aquellas personas que aparezcan en el censo levantado por la Secretaría de Bienestar y la Sedatu.

    La presidenta también prometió que se trabajará en la regularización de colonias que no estén en zonas de riesgo. Y habló de limpiar, de prevenir, de revisar la infraestructura hidráulica para evitar que algo así se repita. Palabras necesarias, en un momento crítico, que llegan como señal de respaldo. Su presencia no fue una simple visita. Fue un acto de responsabilidad política frente a una crisis que tocó el corazón de más de 10 mil hogares y puso a prueba la capacidad de respuesta de todos los niveles de gobierno.

    Pero si la presidenta Sheinbaum caminó las calles afectadas el viernes, un día después el gobernador Américo Villarreal envió un mensaje que cargó el tono institucional con un matiz distinto. En una entrega de apoyos en las colonias Ampliación Delicias y Juan Escutia, el mandatario fue claro al señalar las causas estructurales que agudizaron el impacto de la lluvia: abandono en la infraestructura hidráulica, canales de riego deteriorados, colectores asolvados y una crisis de recolección de basura. Lo dijo sin rodeos. La basura que se acumula durante meses se convierte en tapón cuando llega la tormenta, y entonces, el agua no fluye. Se estanca. Se desborda. Se convierte en tragedia.

    El gobernador aseguró que ese abandono no es nuevo. Que ha ocurrido durante años. Que no se le ha prestado atención. Y aunque no mencionó nombres ni señaló con el dedo, el mensaje tuvo un destino claro. Porque el manejo de la basura y el mantenimiento de los canales locales forman parte de la competencia municipal. Y en esa ecuación, el papel del ayuntamiento de Reynosa no puede pasarse por alto. En el fondo, lo dicho por el mandatario estatal fue un recordatorio de que, más allá de la ayuda emergente, hay una responsabilidad cotidiana que no se está cumpliendo.

    En este cruce de declaraciones, la política mostró sus dos caras. La de la presencia solidaria, y la de la crítica institucional. Ambas necesarias. Porque mientras una atiende lo urgente, la otra pone sobre la mesa lo importante. Las familias afectadas necesitan apoyo ahora, pero la ciudad necesita también un replanteamiento profundo sobre cómo se gestiona su territorio, cómo se planea su crecimiento urbano, y cómo se cuidan sus servicios públicos.

    Reynosa es una ciudad que ha crecido rápido, a veces de forma desordenada, empujada por la presión migratoria, la actividad industrial y en ocasiones por negocios inmobiliarios que surgen a costa de la necesidad de vivienda. Muchas colonias surgieron sin planeación, sin servicios adecuados ni estudios de impacto ambiental. El anuncio de la regularización de asentamientos puede ser una buena noticia, siempre y cuando se haga con criterios técnicos y de justicia territorial. No es solo el estatus legal de una colonia, sino su capacidad para resistir futuras emergencias.

    Esta tragedia, como tantas otras en el país, no fue un hecho aislado. Fue la consecuencia de múltiples factores que se cruzaron en el momento menos indicado. Pero también puede ser un punto de partida. Hoy se abre una ventana de atención nacional sobre Reynosa. Esa visibilidad puede traducirse en inversión, en planes reales de mitigación de riesgos, en mejores políticas de vivienda y urbanismo. Pero también puede desvanecerse si no hay seguimiento, si se deja pasar la oportunidad de actuar con visión de largo plazo.

    Si algo ha dejado claro esta emergencia es que existe una deuda con las ciudades fronterizas. No solo por la complejidad de sus dinámicas sociales y económicas, sino porque las crisis que enfrentan, ya sea por violencia, migración o fenómenos naturales, requieren una respuesta integral. No basta con atender el desastre cuando ocurre. Hay que prevenirlo. Y para prevenirlo, se necesita coordinación. Entre gobiernos, entre dependencias, entre niveles. Pero también se necesita algo más difícil de construir: voluntad.

    Voluntad para hablar con claridad, como lo hizo el gobernador. Voluntad para presentarse en el terreno, como lo hizo la presidenta. Voluntad para asumir responsabilidades, aunque duelan. Esta tragedia no puede ser solo el recuerdo de una inundación. Tiene que ser el inicio de algo distinto. De una nueva corriente. Una que no se lleve todo a su paso, sino que limpie, que renueve, que construya.

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    Publicado en El Mañana de Reynosa

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  • La ruta combustible

    La agenda pública de Tamaulipas ha vuelto a girar sobre los mismos ejes que durante años han reflejado una parte incómoda de su realidad. De nueva cuenta Tamaulipas en el plano mediático nacional. La frontera y el puerto, el diésel y los tractocamiones, las aduanas y los vacíos. Esta vez, la lupa nacional se posó sobre Altamira y Reynosa, donde en apenas unos días fueron detectadas dos operaciones irregulares relacionadas con la importación de combustibles. El decomiso de un buque con diez millones de litros de hidrocarburo y el aseguramiento de más de medio millón de litros no son hechos menores. Son señales de que, en lo más profundo del sistema, algo grande ocurre.

    El caso del buque detenido en el puerto de Altamira expuso una red de anomalías. De acuerdo con el Fiscal General de la República, Alejandro Gertz, la embarcación descargó un material que no coincidía con lo declarado en los documentos fiscales. El diésel ingresó bajo una narrativa administrativa falsa, sin controles reales y con permisos otorgados por funcionarios cuya actuación ahora está bajo investigación. Aunque la tripulación, conformada principalmente por marinos, no habría tenido responsabilidad directa en la maniobra, las agencias aduanales y los servidores públicos involucrados ya enfrentan procedimientos administrativos y penales.

    No es la primera vez que Tamaulipas se convierte en punto clave para este tipo de operaciones. Pero hoy, la más alta esfera del poder en México reconoce que el combustible entró con documentación falseada y que, al momento de su detección, ya había sido descargado en territorio nacional. Lo que revela este caso no es solo la sofisticación del contrabando, sino también las grietas por donde se cuelan los intereses ilícitos. Un barco cargado con millones de litros de diésel no es fácil de ocultar. Lo preocupante es que tampoco pareció difícil de autorizar.

    Apenas unas horas después de conocerse el caso en Altamira, las fuerzas federales llevaron a cabo un operativo en Reynosa. El resultado fue igual de significativo, el aseguramiento de 18 auto tanques cargados con aproximadamente 540 mil litros de combustible, y la detención de 18 personas. La operación conjunta de la Guardia Nacional, el Ejército Mexicano, la Fiscalía General y Petróleos Mexicanos indica que hay una estrategia federal de contención en marcha. Pero también subraya una dinámica paralela, entre las sombras, que busca mantenerse activa, moviéndose entre la legalidad y la omisión. 

    Ambos casos revelan lo mismo. No hay delitos de este tamaño sin omisión, sin estructuras que facilitan, sin actores que permiten. Las importaciones ilegales de combustible afectan no solo a las finanzas públicas, sino al orden mismo de la competencia económica. Quienes venden hidrocarburos sin permisos ni regulaciones alteran el mercado, impactan la recaudación fiscal y, sobre todo, minan la confianza en el sistema aduanal del país. Y Tamaulipas, con sus puertos y cruces fronterizos, es una pieza central de ese tablero.

    En este contexto, la actuación de la Fiscalía y de las fuerzas de seguridad federales debe valorarse como una señal de voluntad. Y también como una llamada de atención. Porque más allá de los decomisos, lo que se necesita es una revisión profunda de los procesos que permiten que un buque descargue millones de litros sin que nadie lo impida a tiempo. Se requiere transparencia en las agencias aduanales, profesionalismo en los inspectores, controles más robustos en los accesos marítimos y terrestres. Y, sobre todo, voluntad política para desarticular cualquier posible red de complicidades.

    La ciudadanía tamaulipeca, que tantas veces ha sido testigo de estas irregularidades, merece saber hasta dónde llegará la investigación. Si se sancionará solo a los responsables operativos, o si se llegará al corazón del problema. Si estos dos casos serán excepciones visibles, o el principio de una limpieza más profunda en los mecanismos de comercio e importación. Porque los decomisos sirven, sí, pero no resuelven por sí solos lo que se ha venido acumulando por años.

    Lejos de estos temas, pero no menos relevante para el estado, ayer se confirmó un cambio importante en la Secretaría de Educación de Tamaulipas. Lucía Aimé Castillo Pastor dejó el cargo en medio de una escalada de tensiones con el Sindicato de Trabajadores de la Educación, que había solicitado en reiteradas ocasiones su salida. La renuncia se interpreta como una medida necesaria para reducir la presión sindical y destrabar el diálogo con las bases magisteriales, un sector históricamente complejo, pero fundamental para la gobernabilidad.

    El gobernador Américo Villarreal entregó el nombramiento al nuevo titular, el doctor Miguel Ángel Valdez García, un perfil técnico con experiencia en la educación superior y con una trayectoria que, se espera, aporte equilibrio a una dependencia que ha vivido semanas intensas. Su llegada representa un nuevo intento por reconstruir las relaciones institucionales y retomar la agenda educativa en un momento donde las demandas por infraestructura, calidad académica y condiciones laborales siguen marcando la conversación pública.

    Ambos episodios, el del combustible ilegal y el de los movimientos en el gabinete, muestran que las instituciones están en revisión. No todo está resuelto, pero hay señales de que el sistema busca ajustarse.

    En medio de un contexto complejo, la legalidad debe ser una constante, no una excepción. Y la confianza, un objetivo al que se llega con hechos, no solo con discursos.

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    El Mañana de Reynosa


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    Focus Radio

    https://focusradio.mx/la-ruta-combustible/

  • Reynosa bajo el agua; Reynosa de pie

    El agua cayó sin tregua sobre Reynosa el 27 de marzo. En menos de tres horas, una ciudad entera se transformó en un espejo de lodo, escombros y angustia. Las imágenes que comenzaron a circular en redes sociales esa tarde parecían tomadas de otro tiempo, de otro país, de una catástrofe distante. Pero no. Era aquí. Eran las avenidas principales convertidas en ríos, los coches arrastrados como juguetes, las casas inundadas hasta el pecho, los niños en brazos de sus madres cruzando calles con el agua al cuello. Era Reynosa, una vez más al límite.

    La tormenta desbordó en un tiempo récord los canales Rodhe y Anzaldúas, arterias que atraviesan la ciudad y que colapsaron bajo la presión de una lluvia inusual por su intensidad, pero no por su impacto. El agua no solo inundó las calles, también se metió en los hogares, en las aulas, en los comercios. La Secretaría de Educación estatal suspendió todas las clases hasta el 1 de abril, con el fin de evaluar los daños en cada escuela. Pero mientras los destrozos se evaluaban, los ciudadanos actuaban.

    Desde los primeros minutos, cuando las imágenes de las calles anegadas comenzaron a aparecer en los celulares, una oleada distinta se extendió por toda la ciudad. No era agua, era solidaridad. En medio del caos, desconocidos se convertían en aliados, ofreciendo su ayuda para rescatar a quienes habían quedado atrapados. Un padre cruzaba nadando el bulevar Hidalgo para salvar a su hijo. Un hombre cedía su lancha para evacuar a vecinos aislados por la crecida. Hombres con cuerdas improvisadas formaban cadenas humanas para sacar autos varados. En un Seven Eleven, cuyo techo colapsó por la fuerza de la tormenta, los trabajadores lograron salir con vida gracias a la reacción de quienes estaban cerca. Alumnos del Cetis 71 y del Cobat 7 tuvieron que dormir en la escuela. Volver a casa fue imposible, pero hubo quienes llegaron con cobijas y comida. Estas escenas, grabadas, compartidas y replicadas, son las que quedarán en la memoria colectiva. Porque en Reynosa, cuando el agua lo arrasa todo, la gente responde con lo mejor de sí. Y cuando todo parece perdido, la ciudad vuelve a demostrar que su mayor fuerza está en su gente.

    En la colonia Voluntad y Trabajo, un hombre intentó destapar una alcantarilla para permitir que el agua bajara. Lo hizo por instinto, por urgencia, por comunidad. La corriente lo succionó. Se lo llevó. El cuerpo fue hallado al día siguiente en el canal donde desemboca el drenaje pluvial. La ciudad lo lloró en silencio. No era un político, no era un funcionario, era un ciudadano que intentó ayudar y que perdió la vida por una infraestructura que no resiste. Esa muerte no fue solo una pérdida, fue una acusación muda contra un sistema que no previene, que no mantiene. Una acusación, también, contra quienes, con descuido cotidiano, convierten las calles en basureros y alimentan el colapso cada vez que llueve.

    Las autoridades han hablado de lluvias atípicas, de fenómenos extraordinarios. Pero en Reynosa, como en muchas otras ciudades del país, lo extraordinario se ha vuelto rutinario. Cada año, cada temporada de lluvias, se repite el mismo ciclo. Calles convertidas en canales, hogares convertidos en presas, vidas paralizadas por la falta de drenaje, de planificación, de respuesta. La naturaleza descarga su furia, sí, pero la omisión humana hace el resto. Las lluvias no matan, matan la negligencia, destruye la indiferencia, el abandono.

    Las redes sociales, tantas veces escenario de polarización, esta vez sirvieron como canal de ayuda y de esperanza. Bajo los hashtags de la tragedia, circularon también las manos extendidas. “Entre lodo y escombros, así se ve la esperanza”, escribió El Mañana de Reynosa en Facebook. Y era cierto. Las fotografías mostraban a personas barriendo la calle, vehículos destruidos por la inundación, basura acumulada por la corriente del agua, muebles empapados y destruidos, cocinas llenas de lodo; retratos de la vida cotidiana apagándose. 

    Vimos también en redes la otra cara de la tragedia. La del esfuerzo silencioso, la del corazón en alto. Una ciudad reconstruyéndose con las uñas y con el alma. Porque en Reynosa, incluso cuando todo parece perdido, siempre hay alguien dispuesto a volver a empezar. Reinventarse, rehacerse, reiniciar, resistir; eso es Reynosa. Levantarse y continuar.

    Hoy Reynosa tiene algo más que lodo. Tiene memoria. Y esta inundación, como otras antes, quedará marcada en su historia no solo por el agua que arrasó, sino por la dignidad de quienes la enfrentaron. Porque esta ciudad, tantas veces estigmatizada por la violencia, por el abandono, por la crisis migratoria, es también una ciudad de resistencia. Una ciudad donde la gente sale a barrer su calle aunque no haya nadie que lo pida. Donde se tienden lazos, no porque haya cámaras o recompensas, sino porque es lo correcto.

    El río Bravo, mientras tanto, se encuentra lleno. Las zonas cercanas al cauce viven en estado de alerta. Las lluvias podrían volver, y con ellas, el temor de que lo que ya ocurrió se repita con mayor fuerza. Familias enteras vigilan el cielo con ansiedad, no como un fenómeno meteorológico, sino como una amenaza. Y esa incertidumbre se suma a una lista de angustias que ya eran largas. La preocupación no debería centrarse únicamente en el pronóstico del clima, sino en el estado del sistema de drenaje, en la limpieza de los canales, en la capacidad de respuesta de las autoridades, en los recursos disponibles para mitigar y prevenir.

    Porque si algo quedó claro es que el primer frente de respuesta no vino desde los escritorios. Vino desde la calle, desde los vecinos, desde los anónimos. Reynosa se ayudó a sí misma. Fue una mano tendida desde Reynosa para Reynosa. Esa mística, esa magia, no se improvisa. Nace de la experiencia, de la adversidad, de años aprendiendo a vivir con poco, con miedo, pero también con mucho corazón y un enorme coraje. Con ganas de salir adelante frente a todo.

    Ahora, mientras se calcula el costo de los daños, mientras se activan protocolos y se hacen diagnósticos, hay una lección que no puede pasar desapercibida. La tragedia no solo fue el agua, fue la desprotección. No basta con esperar a que la lluvia cese. Hay que garantizar que no vuelva a golpear con la misma fuerza, que no arrase con la misma facilidad, que no cobre las mismas vidas.

    La ciudad necesita mucho más que limpieza. Necesita planes hídricos sostenibles, inversiones reales en infraestructura pluvial, campañas permanentes de concientización y una cultura de prevención que involucre a todos. Porque no se puede seguir esperando que la solidaridad lo resuelva todo. Porque la próxima vez podría no haber tiempo para reaccionar.

    Pero hoy, a pesar del lodo, del dolor, de las pérdidas, hay algo que permanece. La certeza de que Reynosa no se rinde. Que incluso en medio de una ciudad anegada, donde la lluvia borra los caminos, la gente sigue caminando. Con escoba en mano y con el corazón entero.

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  • Comercio, justicia y una verdad pendiente

    Las exportaciones se aceleran. Las notarías están bajo la lupa. Un crematorio en Reynosa genera debate. Mientras tanto, el gobernador de Tamaulipas presenta su tercer informe, destacando inversiones y obras de infraestructura que buscan fortalecer la competitividad del estado en medio de un panorama mundial incierto. El estado parece avanzar entre temas que exigen respuestas y decisiones, mientras la duda sigue marcando la conversación pública de la economía mundial.

    El fenómeno de las exportaciones de pánico es la prueba más reciente de la fragilidad de la relación comercial entre México y Estados Unidos. Ante la amenaza de un arancel del 25% a las mercancías mexicanas, las empresas han optado por producir al máximo para adelantarse a una medida que aún no se concreta, pero que ya genera estragos. En sectores clave como el automotriz, el eléctrico-electrónico y la línea blanca, las plantas están operando a plena capacidad.

    “No es una estrategia, es una reacción”, advierte Felipe Pearl Zorrilla, presidente del Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior en Tamaulipas. Si hay oportunidad de vender antes de que el costo se dispare, se hará. Pero el problema no es solo el dinero, sino la incertidumbre. Porque el mensaje de Washington es claro, lo que hoy es una amenaza, mañana puede ser una realidad.

    México ya vivió esta historia en 2019, cuando el entonces presidente Donald Trump amagó con medidas similares. Y aunque en aquella ocasión el conflicto se desactivó con negociaciones, la lección quedó grabada en la memoria del sector empresarial, cualquier decisión política puede traducirse en un cambio abrupto en las reglas del comercio. Y esta vez, la sombra de los aranceles vuelve a proyectarse sobre la frontera.

    Las consecuencias no solo afectan a las compañías que exportan. La industria del acero y el aluminio, con fuerte presencia en Nuevo León, Coahuila y el Estado de México, también se encuentra en la mira. “No sabemos aún el impacto total en Tamaulipas”, reconoce Pearl Zorrilla, pero si las siderúrgicas y los proveedores de aluminio ven reducida su actividad, el golpe se reflejará en la cadena productiva, el empleo y la economía regional.

    En este contexto comercial, Tamaulipas busca fortalecer su competitividad con proyectos de infraestructura. Este sábado, durante su tercer informe de gobierno en Tampico, el doctor Américo Villarreal Anaya destacó el avance en el puerto de Matamoros, una obra clave que pronto permitirá la salida del primer navío desde este punto estratégico.

    Este puerto se perfila como un motor fundamental en la conectividad y el crecimiento económico de la región. Su ubicación estratégica lo convierte en un enlace crucial con mercados de gran relevancia en África, Centroamérica, Estados Unidos, Europa y Sudamérica.

    Más allá del impacto logístico, se espera que esta infraestructura genere nuevas fuentes de empleo, en especial para los habitantes de Matamoros, consolidando a Tamaulipas como un nodo de exportación aún más fuerte.

    Además, el gobernador subrayó la llegada de nuevas inversiones al estado. Destacó que el grupo Walmart invertirá 2,500 millones de pesos en Tamaulipas, con la apertura de diversos centros comerciales distribuidos en distintos puntos de la entidad. También mencionó que Tamaulipas ha consolidado su posición como el quinto estado exportador del país, alcanzando un volumen de 34,277.4 millones de dólares, lo que representa el 6.4% del total nacional.

    Esta semana, un crematorio en Reynosa ha generado un debate que escaló hasta la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum.

    Lo que comenzó como una denuncia de colectivos de búsqueda derivó en una polémica sobre si se trataba de un sitio clandestino o un establecimiento autorizado. La confusión creció en redes sociales y el caso escaló a nivel nacional.

    El gobierno federal ha prometido que el lunes se dará un informe detallado sobre el tema. La mandataria ha pedido paciencia y aseguró que la investigación será basada en evidencia científica y transparencia.

    Y mientras la atención se centra en las exportaciones y en el caso del crematorio, una investigación sacude a las notarías públicas de Reynosa. No es común que se revise la actividad de los fedatarios. Lo que parecía un acto administrativo más ha terminado por abrir una discusión sobre la fe pública y el poder notarial en Tamaulipas.

    La revisión abarca a varios notarios. Las razones exactas de la indagatoria no se han hecho públicas, pero el proceso pone sobre la mesa un tema incómodo, ¿cómo opera el sistema notarial en una entidad donde la legalidad y la influencia política han ido, muchas veces, de la mano? En Tamaulipas, las notarías han sido históricamente espacios de poder. No es casualidad que sus titulares suelan tener vínculos con las administraciones en turno y que sus nombres aparezcan en círculos de influencia.

    La sola existencia de esta auditoría es suficiente para despertar dudas.

    La semana cierra con más preguntas que respuestas. La frontera sigue expectante sobre el futuro del comercio con Estados Unidos. Reynosa aguarda una explicación oficial sobre el crematorio. Las notarías están en el centro del escrutinio.

    En medio de esta incertidumbre, el informe del gobernador Américo Villarreal Anaya muestra una visión de crecimiento basada en la infraestructura y la inversión. Tamaulipas busca proyectarse como un actor clave en el comercio exterior y la conectividad logística.

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  • A cinco años de la pandemia

    Se cumplen cinco años del anuncio mundial de la catástrofe. El 11 de marzo de 2020, el mundo contuvo la respiración. La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaraba oficialmente la pandemia de COVID-19. Para muchos, fue el anuncio de algo que ya se sentía en el aire, la incertidumbre, el miedo, la sensación de que la normalidad estaba por romperse.

    Las imágenes que llegaban desde China eran cada vez más inquietantes. Pasillos de hospitales abarrotados, médicos con trajes de bioseguridad colapsando por el cansancio, gritos ahogados de pacientes que no podían respirar, gritos, empujones. En redes sociales circulaban videos de cuerpos inmóviles en las calles, de ambulancias que no daban abasto y de fosas comunes improvisadas en cementerios saturados. Wuhan se convirtió en el epicentro de una pesadilla que nadie entendía del todo, pero que pronto tocaría cada rincón del planeta.

    Pocas veces en la historia moderna la humanidad se había detenido por completo. Aquel marzo de 2020, los aeropuertos cerraron, las ciudades se vaciaron, los negocios bajaron cortinas y los eventos masivos se convirtieron en recuerdos lejanos. Las compras de pánico se apoderaron de supermercados y farmacias. Se acabaron el papel higiénico, los desinfectantes, las mascarillas. En pocos días, la vida cotidiana dejó de existir tal como la conocíamos.

    Los noticieros transmitían imágenes de hospitales en Italia desbordados, de pacientes intubados en estacionamientos de Nueva York, de filas interminables de ataúdes en España. América Latina no tardó en sumarse a la crisis. En Ecuador, cuerpos envueltos en sábanas aparecían en las calles, esperando ser recogidos por las autoridades. En México, los primeros casos confirmados provocaron una reacción desigual: algunos entraron en pánico, otros minimizaron la amenaza.

    En Tamaulipas, el primer caso se confirmó el 16 de marzo en Tampico. Se trataba de un hombre de 55 años, de origen malayo, que había llegado al estado días antes. Para entonces, el virus ya circulaba en el país, y pronto la entidad comenzó a registrar una escalada de contagios.

    El sistema de salud, frágil desde antes de la crisis, comenzó a resentir la presión. Se habilitaron hospitales temporales, se improvisaron áreas de atención en gimnasios y centros de convenciones. Pero aun así, los ventiladores no alcanzaban, el personal médico enfermaba y las imágenes de doctores con cubrebocas marcados en la piel se volvieron parte del día a día.

    Las cifras oficiales dimensionan el impacto de la pandemia en Tamaulipas, aunque los números reales podrían ser mucho mayores. Información de la Dirección General de Epidemiología del Gobierno Federal, actualizada hasta junio de 2023, indica que en el estado se registraron 187,320 casos confirmados de COVID-19 y 8,362 defunciones acumuladas.

    En Reynosa, una de las ciudades más golpeadas, se contabilizaron 29,337 casos y 1,746 defunciones. Sin embargo, los registros informales y los testimonios de médicos y familiares apuntan a una realidad aún más devastadora. Muchos familiares, amigos y conocidos nos dejaron en los días más complicados, el anuncio constante de vidas perdidas dejó registro en las imágenes y mensajes de las redes sociales. 

    Los hospitales colapsaron. En Reynosa, el IMSS y el Hospital General se vieron rebasados. Las salas de urgencias se convirtieron en zonas de batalla donde los médicos tenían que elegir a quién dar atención prioritaria. Las farmacias agotaron los medicamentos esenciales, las funerarias dejaron de dar abasto y muchas familias se vieron obligadas a velar a sus muertos en casa. Negocios de la región dedicados a la venta de oxígeno como INFRA estuvieron sumamente llenos de gente en búsqueda de llenar sus tanques para salvarle la vida a alguien. 

    Las cifras oficiales solo muestran una parte de la tragedia. En el peor momento de la pandemia, los crematorios operaban sin descanso. Muchas personas murieron en sus hogares, sin haber podido acceder a atención médica, y no todas esas muertes quedaron registradas en los conteos oficiales. Muchos otros llevaron a sus familiares a los hospitales… y nunca más los volvieron a ver con vida, recibían la noticia del deceso y después, una bolsa con las cenizas. Una verdadera tragedia por doquier. 

    Hoy recordamos como la pandemia dejó al descubierto una fractura que ya existía, la desigualdad social. Mientras algunos podían cumplir la cuarentena con la seguridad de un sueldo fijo y acceso a servicios médicos privados, otros enfrentaban la crisis con un dilema imposible: salir a trabajar o no comer.

    Cinco años. Qué rápido pasó el tiempo. 

    En las calles de Reynosa, Nuevo Laredo, Matamoros, Ciudad Victoria o Tampico, los vendedores ambulantes nunca dejaron de ofrecer su mercancía. Los obreros en las maquiladoras siguieron produciendo insumos médicos, autopartes, componentes electrónicos. El riesgo no era opcional. Quedarse en casa o salir por el sustento propio y de la familia. 

    La brecha entre quienes podían resguardarse y quienes no, fue más evidente que nunca. Las clases en línea dejaron fuera a miles de niños sin acceso a internet, muchos pequeños negocios quebraron, las familias de bajos recursos enfrentaron no solo el miedo al virus, sino la angustia de no saber si habría comida al día siguiente.

    En Tamaulipas la actividad económica del estado cayó en su momento por la pandemia. La pérdida de empleos en la industria maquiladora fue significativa. El sector, que en su momento fue esencial para la producción de insumos médicos y equipos de protección, se vio afectado por la disrupción en la cadena de suministro global.

    A nivel nacional, la economía sufrió un desplome sin precedentes. El PIB cayó un 17.1% en el segundo trimestre de 2020, la peor contracción en la historia reciente de México. La crisis económica golpeó con más fuerza a los sectores informales, a los pequeños comerciantes, a los trabajadores que no tenían la opción de hacer «home office».

    Hágase esta pregunta y responda con sinceridad. ¿Realmente ya olvidamos todo este terrible episodio?

    Cinco años después, la pandemia parece un episodio borroso en la memoria colectiva. Los cubrebocas han quedado en cajones, las vacunas son un trámite más en el calendario de salud, las calles están llenas otra vez. Pero las cicatrices siguen ahí. 

    Los hospitales recuperaron su rutina, pero las pérdidas siguen pesando en miles de familias. La crisis económica dejó estragos que aún no se resuelven, como negocios que nunca volvieron a ver la luz. El miedo se ha diluido, pero la fragilidad del sistema quedó expuesta.

    El COVID-19 ya no ocupa titulares, pero el mundo que dejó atrás sigue reconstruyéndose. Y la pregunta sigue en el aire: ¿aprendimos algo?

  • Incertidumbre como estrategia

    La amenaza de los aranceles no es solo un golpe comercial, es una declaración política. Donald Trump lo sabe bien. Más allá de si se aplican o no, la mera insinuación de restricciones comerciales ya provoca el efecto que busca: generar incertidumbre. En el mundo de los negocios, la estabilidad es un activo tan valioso como el capital. Si un inversionista duda sobre si México será un lugar seguro para fabricar, expandirse o trasladar su producción, la batalla ya está parcialmente ganada para el discurso proteccionista del expresidente estadounidense.

    El objetivo es evidente, presentar a México como un socio poco confiable, un país en el que las reglas del comercio pueden cambiar de un momento a otro, en el que instalar una fábrica podría significar enfrentarse a una barrera arancelaria inesperada. Un escenario cambiante es un arma que se esgrime sin necesidad de aplicar medidas concretas. La simple mención de restricciones comerciales puede frenar inversiones, reconfigurar planes de expansión y afectar la competitividad de sectores clave. Y aunque hoy los aranceles siguen en el aire, el solo hecho de que se hable de ellos ya ha generado movimientos en los mercados y en la industria manufacturera.

    El sector privado en la frontera ya siente la presión. Empresarios han advertido sobre las consecuencias que la incertidumbre comercial está generando en la industria maquiladora.

    La Cámara de Comercio de Reynosa y la Coparmex advirtieron que la industria maquiladora enfrenta un escenario complejo. El presidente de la Canaco Reynosa, Gildardo López Hinojosa, afirmó que la imposición de aranceles del 25% pone en riesgo la permanencia de 145 mil empleos en la industria manufacturera de la región.

    En tanto, la Coparmex también alertó sobre la inestabilidad que generan estas medidas. Su presidente, Heberardo González Garza, destacó que la cadena de suministro entre México y Estados Unidos perderá competitividad debido al encarecimiento de insumos y a la disrupción de procesos productivos que dependen del comercio transfronterizo.

    No es un tema menor. En esta región, el 55% del empleo formal depende de la manufactura de exportación. La relación con Texas no es opcional, es la base de un ecosistema económico profundamente integrado. 

    Texas, el principal estado exportador de Estados Unidos, mantiene una relación económica estrecha con México. En 2023, envió bienes y servicios al exterior por un valor de 444 mil 600 millones de dólares, representando el 22% del total nacional. Con Canadá, México y China como sus principales socios comerciales, el impacto de las nuevas tarifas ya se percibe en distintos sectores económicos del estado.

    Los efectos directos no tardaron en hacerse sentir. La Cámara de Comercio de Laredo, el puerto terrestre más grande del país, alertó en un comunicado que los aranceles golpearán tanto a los consumidores como a las empresas del estado. En la misma línea, los alcaldes de San Antonio y Arlington, Ron Nirenberg y Jim Rossa, dirigieron una carta a los dos senadores texanos en el Congreso estadounidense para manifestar su preocupación por los efectos adversos en la industria manufacturera automotriz.

    “Los aranceles representan una amenaza seria para el poder adquisitivo y los trabajos de los tejanos”, afirmaron los alcaldes en un documento, en el que señalaron que más de 10 mil empleos en sus ciudades dependen de la producción de camionetas pick-up de Toyota y General Motors. El mensaje es claro, la imposición de barreras comerciales no solo afecta a México, sino que también sacude la estabilidad económica de Texas y de todo Estados Unidos.

    En medio de este escenario, el gobierno de Claudia Sheinbaum ha apostado por mantener la estabilidad. La salida de Rogelio Ramírez de la O de la Secretaría de Hacienda, anunciada desde el inicio de la administración, se ejecutó en un contexto calculado para evitar sobresaltos en los mercados. La llegada de Edgar Amador Zamora como su reemplazo busca enviar una señal de continuidad. No hay improvisación, no hay cambios abruptos, solo un ajuste en la estructura gubernamental que no debe interpretarse como un giro en la política económica del país.

    Ramírez de la O, considerado el economista más influyente del país, permanecerá como asesor de la presidencia, lo que da cuenta del interés del gobierno por mantener una línea económica predecible, proyectar una imagen consistente, sin cambios radicales. Para un país que enfrenta una narrativa pesada proveniente de Estados Unidos, mantener la confianza de los inversionistas se ha vuelto una prioridad.

    El golpe a la industria automotriz es innegable. La producción y exportación de vehículos han mostrado signos de desaceleración. En febrero, las exportaciones de autos mexicanos cayeron un 9.2% en comparación con el mismo mes del año pasado.

    Las grandes armadoras estadounidenses han hecho presión sobre el gobierno de Trump para retrasar la imposición de aranceles a los vehículos importados desde México y Canadá. Por ahora, la administración estadounidense ha decidido postergar esta medida hasta abril, pero la industria de autopartes sigue sin claridad.

    La Agencia Nacional de Proveedores del Sector Automotriz ha señalado que la exclusión de las autopartes de la exención arancelaria es una de las mayores preocupaciones del sector. De acuerdo con la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz, si los aranceles entran en vigor, los costos de producción en Estados Unidos podrían aumentar entre un 15% y un 30%, lo que impactaría a consumidores y talleres mecánicos.

    La industria automotriz mexicana exporta el 80% de su producción a Estados Unidos, lo que representa el 20% del parque vehicular de ese país. Cualquier alteración en la cadena de suministro puede generar alteraciones de gran escala.

    Lo que está en juego no es solo el comercio, sino la estabilidad de un modelo económico que ha permitido la integración de Norteamérica durante décadas. México ha demostrado ser un socio confiable para la economía estadounidense, pero los ataques constantes desde Washington siembran dudas sobre el futuro de la relación.

    La renegociación del T-MEC en 2026 se perfila como el próximo gran campo de batalla. Pero, por ahora, con un panorama en constante cambio, la clave será anticiparse a los movimientos y no solo reaccionar a ellos. La incertidumbre no puede marcar el rumbo.

    Publicado en El Mañana de Reynosa

  • Dos ciudades, dos mundos laborales

    En las calles de Reynosa, las ‘peseras’ que llevan a los trabajadores de las maquiladoras comienzan su recorrido antes del amanecer. Hombres y mujeres, algunos aún somnolientos, se acomodan en los asientos con la vista perdida en la ventana, mentalizados para una jornada larga en la línea de producción. Mientras tanto, en Tampico, el bullicio del comercio despierta con los primeros rayos de sol. Vendedores acomodan sus productos, comerciantes alistan sus tiendas, y los meseros de las cafeterías preparan las mesas para los primeros clientes del día.

    Dos ciudades, dos maneras distintas de entender el trabajo. Si bien ambas comparten un fuerte dinamismo económico y tasas de empleo relativamente altas, las condiciones laborales que enfrentan sus habitantes son radicalmente diferentes. La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo con corte del cuarto trimestre del 2024, expone varias realidades. Mientras Reynosa se erige como una ciudad industrial, donde la maquila y la manufactura de exportación estructuran el mercado de trabajo, Tampico es una ciudad de servicios, donde el comercio y la venta de productos marcan el ritmo de la economía.

    Pero la pregunta clave es, ¿cuál de estos modelos permite una mejor calidad de vida para sus trabajadores?

    Reynosa y Tampico son dos de las ciudades más importantes de Tamaulipas, pero su realidad económica y laboral es completamente distinta. Ambas tienen tasas de empleo relativamente altas y una participación activa en la economía, pero la forma en que generan trabajo y las condiciones en las que se labora marcan la diferencia. Mientras una es impulsada por la industria, la otra depende del comercio. Dos maneras distintas de ganarse la vida.

    En Reynosa, casi la mitad de la población trabajadora de la ciudad está empleada en la industria manufacturera, en esas enormes fábricas que ensamblan productos para exportación. Este sector ha sido clave para reducir el desempleo a apenas un 2.5%, un número bajo si se compara con otras ciudades. Pero tener empleo no significa necesariamente tener buenas condiciones laborales.

    Las jornadas suelen ser largas, con turnos que en ocasiones superan la diez horas, en los que el tiempo de descanso es mínimo y la repetición de tareas se vuelve una rutina mecánica. Aunque estos empleos ofrecen estabilidad y prestaciones que no se encuentran en otros sectores, los salarios no siempre alcanzan para cubrir el costo de vida. Un dato lo confirma, más de la mitad de los trabajadores de Reynosa, un 51.8%, se encuentra en lo que los expertos llaman “crítica laboral”, una clasificación que agrupa a quienes trabajan en condiciones precarias, con sueldos bajos o jornadas extenuantes.

    Tampico es una ciudad completamente distinta. Aquí, en lugar de fábricas y líneas de ensamblaje, lo que dicta el ritmo del trabajo es el comercio, los restaurantes, las tiendas y el comercio en las calles, ‘los rodantes’. Más del 76% de los trabajadores tampiqueños están en el sector terciario, es decir, en la venta de productos y servicios. Hay algo atractivo en este modelo, es más flexible, permite a muchas personas conseguir trabajo con mayor facilidad y ofrece más oportunidades para quienes buscan empleo sin demasiada experiencia. Pero esa misma flexibilidad es también su mayor debilidad.

    En Tampico, casi la mitad de los trabajadores están en la informalidad. Un 42.8% de ellos no cuenta con seguridad social, prestaciones ni garantías laborales, lo que significa que si un día no trabajan, ese día no tienen ingresos. Para muchos, la incertidumbre es constante. No hay contratos que aseguren estabilidad, no hay beneficios que les protejan ante una enfermedad o un problema financiero. La tasa de desempleo también es más alta en Tampico que en Reynosa: 3.4% frente al 2.5%. Encontrar trabajo en Tampico es más sencillo, pero mantenerse en él sin preocupaciones es otra historia.

    Si se comparan ambas ciudades, la diferencia es clara, Reynosa ofrece estabilidad, pero a un costo alto en términos de calidad de vida; Tampico ofrece flexibilidad, pero con el riesgo de la inestabilidad y la falta de derechos laborales. No se trata de decidir cuál modelo es mejor, sino de preguntarse qué pueden hacer ambas ciudades para mejorar. 

    Un reto importante es continuar mejorando la calidad del empleo en Reynosa. La estabilidad laboral que ofrece la industria manufacturera es un factor clave en su economía, pero aún hay espacio para fortalecer las condiciones de trabajo. Avanzar hacia esquemas que promuevan mejores salarios, horarios más balanceados y oportunidades de crecimiento profesional contribuiría a consolidar un entorno laboral más sostenible y competitivo.

    En Tampico, el dinamismo del comercio y los servicios ha sido un pilar fundamental del empleo, pero la formalización sigue siendo un desafío. Fortalecer la integración de más trabajadores al mercado formal permitiría ampliar el acceso a seguridad social y estabilidad laboral, generando así un ecosistema económico más equitativo. Impulsar estrategias para reducir la informalidad puede traducirse en mayor certeza para quienes dependen del sector y en un desarrollo más sólido para la ciudad.

    Detrás de cada estadística hay historias. Hay madres y padres que trabajan turnos dobles en una maquiladora para que sus hijos puedan estudiar. Hay jóvenes que intentan abrirse camino vendiendo productos en un mercado informal. Hay empleados de restaurantes que no tienen días de descanso garantizados. Hay trabajadores que, aunque tienen empleo, sienten que su esfuerzo diario apenas les alcanza para sobrevivir.

    Reynosa y Tampico seguirán avanzando, cada una con su propio ritmo y particularidades. El verdadero reto no es solo generar más empleos, sino garantizar que estos ofrezcan estabilidad y oportunidades reales de crecimiento. Porque el verdadero crecimiento no se mide solo en tasas de ocupación. Se mide en calidad de vida.

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    Publicado originalmente en El Mañana de Reynosa

  • Tamaulipas logístico, oportunidad para las nuevas generaciones

    Las fronteras nunca se detienen. A pesar de los cambios políticos, los aranceles o los discursos de campaña, el comercio entre México y Estados Unidos sigue su curso. Tamaulipas es un testigo y protagonista de esa realidad. Cada día, miles de camiones atraviesan sus puentes internacionales, cargados con mercancías que sostienen el abastecimiento de Norteamérica.

    El comercio exterior es uno de los pilares económicos de la región. En 2023, Tamaulipas exportó más de 34,200 millones de dólares, lo que representó el 6.4% del total nacional. Al tercer trimestre de 2024, sus exportaciones sumaban 27,300 millones de dólares, consolidándolo entre los cinco estados con mayor actividad exportadora del país. En este ecosistema, Reynosa se posiciona como un eslabón clave.

    El Puente Internacional Pharr es el termómetro más preciso de la actividad comercial, más del 35% de los productos agrícolas que México exporta a Estados Unidos pasan por aquí. La industria automotriz, la manufactura avanzada y el comercio de bienes electrónicos encuentran en esta frontera una vía estratégica.

    Nuevo Laredo, por su parte, reafirma su posición como el punto de cruce comercial terrestre más importante de América Latina. La instalación de la Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM) en la ciudad es un reconocimiento de su papel crucial en el comercio exterior. Con más del 40% del intercambio comercial con Estados Unidos pasando por esta frontera, la modernización de su infraestructura aduanera será determinante para la competitividad del país en los próximos años.

    Sin embargo, hay una contradicción en el crecimiento de Tamaulipas, mientras el comercio avanza, la disponibilidad de talento especializado no crece al mismo ritmo. La logística es un sector en auge, pero las generaciones más jóvenes no parecen ver en él una ruta de desarrollo profesional.

    El déficit de operadores de transporte de carga es un síntoma evidente de este fenómeno. Actualmente, voces en México apuntan una escasez de más de 60 mil conductores de camión, lo que ralentiza la cadena de suministro y encarece la movilidad de mercancías. Para hacer frente a esta crisis, el CONALEP Tamaulipas ha lanzado la carrera de Autotransporte en Reynosa, Mante, Nuevo Laredo y Tampico, con el objetivo de formar nuevos operadores capacitados. Se han instalado simuladores de conducción en su plantel del sur y se espera que lo hagan también en el resto, con la intención de mejorar la calidad en la formación de los futuros conductores.

    Pero el problema va más allá del transporte. La logística actual exige especialistas en análisis de rutas, comercio exterior, regulación aduanera y gestión de almacenes. Empresas multinacionales buscan analistas de comercio exterior y cumplimiento normativo; los parques industriales de Reynosa requieren administradores de cadena de suministro.

    Algunas instituciones educativas han comenzado a responder a esta demanda. La Universidad Tecnológica de Tamaulipas Norte (UTTN) ha fortalecido su vinculación con la industria logística. Recientemente, alumnos de la carrera de Logística visitaron Empaques Río Grande, en el Parque Industrial Reynosa, donde observaron de primera mano el ciclo completo de producción y distribución. La experiencia les permitió identificar cada etapa de la cadena de suministro y entender los procesos que intervienen en la entrega de un producto final. Más allá de una visita académica, la iniciativa aseguró espacios para futuras estadías de los estudiantes en la empresa, consolidando un puente directo entre la formación académica y el sector empresarial.

    Otras instituciones han seguido el mismo camino. El Instituto Internacional de Estudios Superiores (IIES) ha llevado a sus alumnos al Pharr Development and Research Center, donde han recibido capacitación en seguridad y normativas de comercio exterior. La Asociación de Agentes Aduanales de Reynosa, por su parte, ha abierto sus puertas a los estudiantes del CETIS #71 para acercarlos al mundo del despacho aduanero y la logística internacional.

    Mientras la región trabaja por cerrar la brecha entre la demanda de talento y la formación académica, el comercio sigue enfrentando incertidumbre. La posible reinstauración de políticas arancelarias bajo la administración de Donald Trump podría modificar la dinámica transfronteriza. Sin embargo, los expertos coinciden en un punto: los aranceles no eliminan el comercio, solo lo obligan a adaptarse.

    Estados Unidos y México están demasiado integrados como para romper la relación comercial. La cercanía geográfica y el marco del T-MEC siguen dando a México una ventaja estratégica que ni China ni otros mercados pueden igualar. El fenómeno del nearshoring, impulsado por la reconfiguración de cadenas de suministro globales, ha fortalecido el papel de Tamaulipas en la industria manufacturera. En este escenario, la negociación del secretario de Economía Marcelo Ebrard, de los términos comerciales por parte de México será determinante para mantener su competitividad.

    Más allá de las decisiones que se tomen en Washington o en Palacio Nacional, lo que definirá el futuro de Tamaulipas es su capacidad para formar el talento que requiere su industria. Mientras algunas regiones de México enfrentan mercados laborales saturados y opciones limitadas para los jóvenes, la logística sigue siendo un sector con demanda asegurada, salarios competitivos y oportunidades de crecimiento.

    El comercio internacional es un motor de esta región y seguirá creciendo en los próximos años. Sin embargo, si las nuevas generaciones no se capacitan y asumen el liderazgo en el sector logístico, Tamaulipas corre el riesgo de perder competitividad. Hoy, la frontera necesita jóvenes que entiendan su importancia y aprovechen el momento. Reynosa no solo es un punto de cruce, es un centro de oportunidades para quienes sepan verlas y prepararse para tomarlas.

    Publicado en El Mañana de Reynosa