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Economía

  • Plaga en el horizonte

    Desde hace décadas Tamaulipas ha sostenido su relevancia ganadera, gracias a un delicado equilibrio entre calidad, estatus sanitario y cumplimiento normativo. Esa combinación ha permitido que el estado sea el quinto exportador de ganado, con un 16 por ciento de las 960 mil cabezas que cruzaron la frontera hacia Estados Unidos, uno de los mercados más exigentes del mundo. Pero hoy, ese equilibrio enfrenta una amenaza. No se trata de un problema interno, sino de un fenómeno que avanza desde el sur del país, arrastrando consigo incertidumbre, desconfianza y riesgos para toda la cadena productiva.

    El gusano barrenador del ganado, una plaga que puede parecer distante en el mapa, ya ha dejado de ser una preocupación ajena. El brote más cercano se encuentra a 700 kilómetros de distancia, en Las Choapas, Veracruz. A simple vista, podría parecer lejano. Pero la distancia, en este caso, no es garantía de seguridad. La movilidad de la mosca que lo transmite y la fragilidad de los controles en ciertas regiones del país hacen que su avance no pueda descartarse ni minimizado. Las fronteras administrativas son débiles frente a un parásito que puede desplazarse por aire o sobre el cuerpo de animales infectados.

    Tamaulipas sigue siendo, formalmente, una zona libre del gusano barrenador. Así lo reconocen las autoridades estatales, federales y también el gobierno de Estados Unidos. Pero esa categoría, lejos de ser una medalla, es una responsabilidad. Obliga a mantener medidas estrictas de vigilancia, coordinación con productores y protocolos claros de detección y respuesta. 

    El problema no es solo biológico. Es también político y estructural. Para mantener a salvo al norte, se necesita mirar con atención lo que ocurre en el sur. Porque ahí, en la frontera con Centroamérica, los filtros de control son endebles. El ingreso ilegal de animales, muchas veces sin trazabilidad ni control sanitario, representa una vía de alto riesgo. Productores de estados como Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila, entre otros, que han cumplido con los requisitos internacionales, no pueden cargar con las consecuencias de un sistema que falla en otros puntos del país.

    Las autoridades sanitarias mexicanas han diseñado una regionalización del territorio nacional para enfrentar el problema. Se han definido tres zonas: una con presencia activa del parásito, otra de amortiguamiento, y una zona libre donde se refuerzan los mecanismos de prevención. Tamaulipas se encuentra en esta última. Se han desplegado acciones de vigilancia epidemiológica, instalación de trampas, inspecciones en unidades productivas y campañas de información con asociaciones ganaderas. Todo eso suma. Pero no es suficiente si al mismo tiempo no se fortalecen los puntos de entrada del ganado en la frontera sur.

    El gobierno estatal, a través de la Subsecretaría de Desarrollo Pecuario y Forestal, ha emprendido reuniones informativas en coordinación con la Unión Ganadera Regional de Tamaulipas, producto de esta coordinación se realizaron 49 encuentros. El objetivo es claro, capacitar a los productores para que identifiquen posibles síntomas del parásito y reporten de inmediato cualquier sospecha. La detección temprana es la única herramienta para frenar un brote. Pero esa estrategia depende, en gran medida, de la confianza y participación del sector productivo. Y la confianza se construye también con claridad en las reglas del juego.

    Mientras tanto, la exportación en pie hacia Estados Unidos permanece suspendida. No porque haya un caso en la entidad, sino por decisión de la secretaria de Agricultura estadounidense ante la detección de la plaga en otras zonas del país. El daño, en este caso, es colateral. Los ganaderos tamaulipecos ven paralizadas sus operaciones por una amenaza que no han generado. Es una prueba más de cómo los riesgos sanitarios en México deben asumirse como un tema nacional, no fragmentado por estados.

    Nuevo León, un estado sin presencia confirmada del gusano, ha decidido no esperar. Sus productores de carne bovina, que aportan el 11 por ciento del total nacional, impulsan un plan conjunto con Senasica y autoridades locales para contener cualquier posible ingreso de la plaga. Aunque no han detallado públicamente las medidas, el mensaje es claro, más vale anticiparse que lamentar. Saben que no pueden controlar la llegada de la mosca, pero sí pueden mitigar sus efectos y responder con rapidez ante cualquier brote.

    La industria ganadera del norte del país no solo genera empleo. También es una pieza central del comercio exterior mexicano. Cada certificado sanitario que acompaña a una exportación no es un simple trámite, sino un compromiso. Con los consumidores, con los socios comerciales, con los estándares que exigen calidad e inocuidad. Y ese compromiso se ve amenazado si las autoridades no aseguran que todas las regiones del país cumplan con los mismos criterios.

    El impacto de la plaga no se limita a las pérdidas directas. También mina la credibilidad. Estados Unidos exige garantías, no discursos. Si percibe vacíos en la vigilancia, aplicará bloqueos sin distinguir entre regiones. La suspensión actual es una advertencia. El camino para reabrir el comercio pasa por demostrar que México puede contener al parásito sin importar donde aparezca.

    No se trata de crear alarmas innecesarias. Las cifras recientes indican una disminución en los casos activos, lo que sugiere que la estrategia nacional está dando resultados. El secretario de Agricultura, Julio Berdegué, ha reconocido este avance. Pero esos datos deben complementarse con acciones preventivas. 

    La experiencia obliga a no confiarse. Otras crisis sanitarias han enseñado que las plagas no respetan fronteras, ni tiempos políticos. El gusano barrenador no espera a que se redacten protocolos. 

    Tamaulipas, junto con Sonora, Chihuahua, Durango y Coahuila, ha asumido con responsabilidad su papel como zona libre. Pero esa libertad solo es sostenible si se mantiene viva la cooperación federal y si se atienden los puntos vulnerables del país. El problema no está aquí, pero sus consecuencias sí. Y aunque nadie desea que la plaga toque territorio tamaulipeco, es justo reconocer que la amenaza ya forma parte del horizonte.

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    Publicado originalmente en El Mañana de Reynosa:

    https://www.elmanana.com/opinion/columnas/plaga-en-el-horizonte-5984482.html

  • Trato preferencial y frontera fuerte

    Las decisiones que se toman en Washington a veces parecen lejanas, pero cuando se trata del comercio exterior, la política de Estados Unidos tiene un eco inmediato en Tamaulipas. Ayer martes, la publicación de un decreto que otorga trato arancelario preferencial a los vehículos producidos en México y Canadá bajo el T-MEC no es una noticia más en la guerra comercial global, es un mensaje que resuena con fuerza en la frontera, donde el rugido de los tractocamiones es tan habitual, como el paso de las horas.

    El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, anunció que el decreto representa una reducción de entre 40 y 50 por ciento en los aranceles promedio para vehículos automotores fabricados bajo el T-MEC. Esta medida constituye una excepción estratégica, reconoce el valor de la integración norteamericana y, por consecuencia, también reconoce el valor de la industria instalada en el estado.

    Aquí no sólo se ensamblan productos, aquí se entreteje gran parte de la conectividad industrial del país. Nuevo Laredo, la aduana número uno de México, canaliza más de un tercio de las operaciones fronterizas nacionales. Reynosa y Matamoros, también en el top nacional, son nudos fundamentales de la industria automotriz y maquiladora. En cada una de estas ciudades cientos de miles de empleos están vinculados, directa o indirectamente, con el comercio bilateral. Y aunque las cifras de operaciones en el primer trimestre del año han tenido ligeros descensos, la recaudación fiscal en las aduanas tamaulipecas creció de manera notable: Matamoros subió más del 26 por ciento, Reynosa más del 8. Son datos que no pueden ignorarse.

    El nuevo decreto no sólo reconoce el contenido estadounidense en la cadena de valor, también incluye el ensamblaje como parte del proceso de producción. Esta distinción es clave. México —en particular, la frontera tamaulipeca— ha desarrollado una industria automotriz con fuerte contenido regional. En plantas de esta franja del país se ensamblan autopartes que cruzan a diario hacia Estados Unidos. La cadena no se corta en la línea divisoria, está diseñada para complementarse.

    Este anuncio se enmarca, además, en la antesala de la revisión del T-MEC, prevista para el segundo semestre del año. Ebrard ha señalado que la región se dirige hacia una economía más integrada, con una visión compartida en sectores estratégicos como la energía, los semiconductores y los minerales críticos. El mensaje es claro: Estados Unidos necesita a México y Canadá, tanto como ellos lo necesitan a él. Y, para Tamaulipas, esa interdependencia es una oportunidad, pero también un reto.

    El anuncio de un trato preferencial es un alivio, pero también una llamada de atención. Significa que algo se está haciendo bien, pero también que hay mucho por fortalecer. Las reglas que hoy nos favorecen pueden cambiar mañana. Y el único blindaje posible es la competitividad con justicia, la logística con legalidad, el desarrollo con visión regional.

    En los próximos meses, la revisión del Tratado será una prueba no sólo para los negociadores, también para las regiones como Tamaulipas que viven de su cumplimiento. Las nuevas reglas sobre contenido, origen y beneficios arancelarios requieren precisión técnica, pero también inteligencia política.

    La reducción de aranceles a los autos del T-MEC es una buena noticia, pero es, sobre todo, una oportunidad de consolidar lo que ya se tiene.

    Tamaulipas tiene ventajas logísticas que otras regiones del país no pueden replicar fácilmente. Su red de cruces fronterizos, aduanas de alta capacidad y cercanía con el mercado estadounidense lo colocan en una posición privilegiada para aprovechar el nuevo decreto sobre aranceles preferenciales.

    Las industrias establecidas en ciudades como Nuevo Laredo, Reynosa y Matamoros están conectadas con cadenas de suministro globales, lo que permite que los beneficios del T-MEC se traduzcan en competitividad real para los exportadores locales.

    Este escenario también puede ser un incentivo para atraer nuevas inversiones con menores cargas arancelarias para productos ensamblados bajo reglas del T-MEC, la región se vuelve más atractiva frente a otras zonas del país o de América Latina que no cuentan con la misma infraestructura ni condiciones logísticas. Los inversionistas buscan eficiencia y acceso directo a los principales mercados.

    A nivel nacional, la entidad se consolida como un punto estratégico para la manufactura avanzada, no sólo como zona de tránsito. Competir en el nuevo entorno global requiere más que bajos costos laborales, requiere ubicaciones estratégicas, cumplimiento normativo y capacidad para integrarse con rapidez a cadenas de valor. Tamaulipas tiene los elementos para lograrlo, y el reto será traducir estos beneficios en empleo calificado, crecimiento sostenido y una posición más fuerte dentro del mapa económico del país.

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    Publicado en El Mañana de Reynosa:
    www.elmanana.com/opinion/columnas/trato-preferencial-y-frontera-fuerte-5981666.html

  • El hilo que sostiene la inversión

    En Tamaulipas, hablar de economía es hablar de movimiento. De cadenas logísticas que recorren de norte a sur, de parques industriales que dan empleo a miles, de puertos que enlazan al país con el mundo. Es hablar de Nuevo Laredo, Reynosa, Matamoros, Altamira y Tampico. Ciudades que viven del comercio exterior, de la manufactura, de la inversión. Por eso, cuando el entorno internacional se agita, aquí se resiente. Y en estos días, los temblores vienen de muchas direcciones.

    El Fondo Monetario Internacional acaba de elevar al 40 por ciento la probabilidad de una recesión en Estados Unidos, producto de la guerra arancelaria relanzada por Donald Trump. La advertencia, aunque técnica, tiene consecuencias prácticas para el norte de México. Algo que la presidenta Claudia Sheinbaum rechazó. La mandataria dijo que en el FMI no creen que el Gobierno pueda hacer nada para cambiar una situación que viene del propio mercado. 

    Lo cierto es que si se desacelera la economía estadounidense, se desacelera la demanda de bienes producidos en nuestras maquiladoras. Si se imponen aranceles, se encarecen las exportaciones mexicanas. Si el flujo se rompe, Tamaulipas no solo lo ve en cifras, lo siente en su empleo, en su consumo, en su actividad diaria.

    El FMI, en su último informe, proyecta incluso una contracción del 0.3 por ciento para México en 2025. No por errores internos, sino por el efecto de un entorno hostil. La economía mexicana, tan integrada al mercado estadounidense, es especialmente vulnerable a los vaivenes políticos del norte. Y aunque China ha sabido redireccionar parte de su comercio, nuestro país no tiene los mismos márgenes de maniobra. La vecindad, que es una bendición en tiempos estables, se vuelve una presión cuando las reglas cambian.

    En medio de este escenario global incierto, el Gobierno de México insiste en una narrativa de fortalecimiento interno. Y una de sus cartas más recientes es la Ley Nacional para Eliminar Trámites Burocráticos y Corrupción, presentada por la presidenta Claudia Sheinbaum junto con la Ventanilla Única de Inversiones. En otras circunstancias, habría sido un anuncio técnico. Hoy, cobra una relevancia política y económica distinta. Porque en tiempos de incertidumbre global, los países que más atraen inversiones no son necesariamente los que prometen más, sino los que ofrecen claridad.

    La Ventanilla Única busca digitalizar y simplificar los trámites necesarios para abrir, construir y operar una empresa. Unificar requisitos, reducir pasos, evitar duplicidades, permitir que desde una sola plataforma se gestionen permisos, licencias y validaciones. La meta es bajar de 51 a 32 trámites, de 2.6 años a 1 año el tiempo para concretar una inversión. Puede parecer un objetivo técnico, pero para Tamaulipas, es una necesidad estratégica.

    Ciudades como Reynosa o Nuevo Laredo no solo compiten con otras regiones de México. Hoy compiten con Texas, con Carolina del Norte, con Asia. En el escenario de hoy las empresas que instalan una planta en Matamoros, podrían hacerlo también en Brownsville. Y lo que inclina la balanza muchas veces no es el costo de la mano de obra, sino la certeza regulatoria. La posibilidad de que el proyecto no se atore por meses en alguna ventanilla. La confianza de que las reglas no cambien a mitad del camino.

    En ese sentido, si la Ventanilla Única cumple lo que promete, puede convertirse en uno de los pocos contrapesos reales al entorno adverso que se perfila. Tamaulipas tendría la oportunidad de posicionarse como un estado más ágil, más confiable, más atractivo. No con discursos, sino con hechos. No con slogans, sino con procesos simplificados y eficientes.

    Esto no anula los riesgos. Los aranceles estadounidenses siguen en pie. Las tensiones con China siguen latentes. La presión para replantear cadenas de suministro continúa. Pero en medio de esa tormenta, hay decisiones internas que sí se pueden tomar. Y una de ellas es reducir la fricción entre el inversionista y el Estado. Entre la intención de invertir y la posibilidad de hacerlo.

    El reto será convertir esta promesa en práctica. Porque no basta con lanzar una plataforma si los trámites siguen dependiendo de voluntades dispersas. Si las autoridades municipales no se suman, si las dependencias estatales no homologan sus procesos, si los servidores públicos siguen pensando en función de sellos y carpetas físicas. La digitalización no es solo una herramienta. Es una transformación cultural que exige voluntad política, capacitación técnica y, sobre todo, compromiso de largo plazo.

    En ese sentido, será valioso que Tamaulipas continúe fortaleciendo su participación activa en este esfuerzo nacional. Que aproveche su experiencia regional, que acompañe el desarrollo de buenas prácticas y que contribuya con propuestas que respondan a su vocación económica. 

    Lo que está en juego no es solo la eficiencia administrativa. Es el empleo de miles. Es la competitividad de la región. Es la posibilidad de que en un entorno internacional que se complica, el estado siga siendo una opción confiable para invertir y crecer.

    El momento no es sencillo. Las proyecciones del FMI, la incertidumbre en Washington, las tensiones comerciales con China, los cambios regulatorios globales, todo se cruza en una coyuntura difícil. Pero es precisamente en esas coyunturas cuando se define el rumbo. Cuando las decisiones técnicas se vuelven estratégicas. Cuando los detalles administrativos se convierten en ventajas competitivas.

    Tamaulipas tiene la geografía. Tiene la industria. Tiene talento. Ahora necesita el entorno adecuado para no perder lo que ha construido. En esta economía global cada vez más exigente, a veces lo que parece un trámite es en realidad un hilo. Uno que sostiene el futuro.

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    Imagen: Nayelly Tenorio

  • La tormenta económica que se avecina

    La recesión ya no es una hipótesis, es un diagnóstico adelantado. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ha encendido las alarmas, si los aranceles de 25% que Donald Trump ha prometido aplicar a México entran en vigor en abril, la economía mexicana sufrirá una contracción del 1.3% en 2025 y del 0.6% en 2026. Entre los países del G20, México es uno de los más afectados por la guerra comercial.

    El golpe será demoledor. En un país donde el 80% de las exportaciones tienen como destino Estados Unidos, encarecer los productos mexicanos equivale a desajustar la estructura misma de la economía. La OCDE ha recalculado sus proyecciones en apenas tres meses, asumiendo que este nuevo muro comercial alterará las reglas de juego. La clave del problema no está solo en las tarifas, sino en la incertidumbre.

    Tamaulipas se encuentra en una posición especialmente vulnerable. Como uno de los cinco principales estados exportadores del país, con un comercio exterior de 34 mil millones de dólares en 2024, la entidad depende del flujo constante de bienes hacia Estados Unidos. La manufactura, la industria maquiladora y la logística transfronteriza son ejes de su economía, pero con las nuevas tarifas, la competitividad de estos sectores se verá comprometida. Las empresas que operan en la frontera podrían enfrentar costos más altos, tiempos de entrega más largos y una incertidumbre que frena las inversiones.

    En ciudades como Reynosa, Matamoros y Nuevo Laredo, donde una parte importante de la actividad económica está ligada al comercio exterior, el riesgo es aún mayor. La industria automotriz, de autopartes y la manufactura electrónica podrían ser las primeras en resentir la crisis, con ajustes en producción y potenciales despidos. La tensión también se trasladará al sector logístico, ya que Tamaulipas es la puerta de entrada para miles de camiones que cruzan diariamente a Texas. Si la economía del estado desacelera, el impacto será inmediato en el empleo y en la estabilidad de cientos de empresas que dependen de la exportación. El estado, que por su ubicación estratégica ha sido una pieza clave del comercio con EE.UU., se encuentra en la primera línea de esta tormenta comercial.

    En tanto, el gobierno de Claudia Sheinbaum se aferra a la posibilidad de que la amenaza no se concrete. La mandataria ha insistido en que los decomisos de fentanilo han disminuido y en que México no aplica aranceles a Estados Unidos, lo que en teoría debería frenar la imposición de represalias comerciales. Recordemos que el pasado viernes afirmó que, si de todas maneras Estados Unidos decidía poner tarifas en ciertos productos, su gobierno tomaría medidas de manera recíproca.

    Pero el daño ya está hecho. La sola posibilidad de los aranceles ha paralizado inversiones, ha encarecido planes de expansión y ha puesto a las empresas en modo de supervivencia.

    Las consecuencias no se limitan al PIB. La OCDE también advierte que la inflación en México permanecerá elevada, alcanzando el 4.4% en 2025 y el 3.5% en 2026, cifras más altas de lo proyectado hace apenas unos meses. El encarecimiento de los productos importados y la caída en la producción nacional generarían un círculo vicioso en el que los precios subirían, pero el crecimiento se estancaría.

    El impacto en el empleo será inmediato. La incertidumbre ahuyenta inversiones y paraliza decisiones de contratación. Sectores como el automotriz y el de autopartes, que dependen de la integración con Estados Unidos, enfrentan un dilema, asumir los costos o trasladarlos a los consumidores. Eric Farnsworth, vicepresidente del Council of the Americas, no deja margen para la duda: «La economía mexicana ya estaba en apuros y los nuevos aranceles podrían hundir al país en una profunda recesión».

    La OCDE plantea dos escenarios. En el primero, la guerra comercial escala y México enfrenta un periodo prolongado de contracción económica. En el segundo, se logra una negociación en el marco del T-MEC que atenúa el impacto de los aranceles. Pero incluso en este último caso, el crecimiento proyectado sigue siendo mediocre, 0.1% en 2025 y 0.8% en 2026.

    México no puede permitirse entrar en una guerra de represalias, pero tampoco puede quedarse inmóvil ante un castigo económico unilateral. La próxima ronda de negociaciones será decisiva para definir si el país logra contener la crisis o si, como anticipa la OCDE, enfrenta su primera recesión en una década.

    La economía se mueve entre la cautela y el miedo. ¿Trump provocará un nuevo giro de última hora o se desatará la tormenta económica en ambas naciones?

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    Publicado en El Mañana de Reynosa

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  • Comercio, justicia y una verdad pendiente

    Las exportaciones se aceleran. Las notarías están bajo la lupa. Un crematorio en Reynosa genera debate. Mientras tanto, el gobernador de Tamaulipas presenta su tercer informe, destacando inversiones y obras de infraestructura que buscan fortalecer la competitividad del estado en medio de un panorama mundial incierto. El estado parece avanzar entre temas que exigen respuestas y decisiones, mientras la duda sigue marcando la conversación pública de la economía mundial.

    El fenómeno de las exportaciones de pánico es la prueba más reciente de la fragilidad de la relación comercial entre México y Estados Unidos. Ante la amenaza de un arancel del 25% a las mercancías mexicanas, las empresas han optado por producir al máximo para adelantarse a una medida que aún no se concreta, pero que ya genera estragos. En sectores clave como el automotriz, el eléctrico-electrónico y la línea blanca, las plantas están operando a plena capacidad.

    “No es una estrategia, es una reacción”, advierte Felipe Pearl Zorrilla, presidente del Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior en Tamaulipas. Si hay oportunidad de vender antes de que el costo se dispare, se hará. Pero el problema no es solo el dinero, sino la incertidumbre. Porque el mensaje de Washington es claro, lo que hoy es una amenaza, mañana puede ser una realidad.

    México ya vivió esta historia en 2019, cuando el entonces presidente Donald Trump amagó con medidas similares. Y aunque en aquella ocasión el conflicto se desactivó con negociaciones, la lección quedó grabada en la memoria del sector empresarial, cualquier decisión política puede traducirse en un cambio abrupto en las reglas del comercio. Y esta vez, la sombra de los aranceles vuelve a proyectarse sobre la frontera.

    Las consecuencias no solo afectan a las compañías que exportan. La industria del acero y el aluminio, con fuerte presencia en Nuevo León, Coahuila y el Estado de México, también se encuentra en la mira. “No sabemos aún el impacto total en Tamaulipas”, reconoce Pearl Zorrilla, pero si las siderúrgicas y los proveedores de aluminio ven reducida su actividad, el golpe se reflejará en la cadena productiva, el empleo y la economía regional.

    En este contexto comercial, Tamaulipas busca fortalecer su competitividad con proyectos de infraestructura. Este sábado, durante su tercer informe de gobierno en Tampico, el doctor Américo Villarreal Anaya destacó el avance en el puerto de Matamoros, una obra clave que pronto permitirá la salida del primer navío desde este punto estratégico.

    Este puerto se perfila como un motor fundamental en la conectividad y el crecimiento económico de la región. Su ubicación estratégica lo convierte en un enlace crucial con mercados de gran relevancia en África, Centroamérica, Estados Unidos, Europa y Sudamérica.

    Más allá del impacto logístico, se espera que esta infraestructura genere nuevas fuentes de empleo, en especial para los habitantes de Matamoros, consolidando a Tamaulipas como un nodo de exportación aún más fuerte.

    Además, el gobernador subrayó la llegada de nuevas inversiones al estado. Destacó que el grupo Walmart invertirá 2,500 millones de pesos en Tamaulipas, con la apertura de diversos centros comerciales distribuidos en distintos puntos de la entidad. También mencionó que Tamaulipas ha consolidado su posición como el quinto estado exportador del país, alcanzando un volumen de 34,277.4 millones de dólares, lo que representa el 6.4% del total nacional.

    Esta semana, un crematorio en Reynosa ha generado un debate que escaló hasta la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum.

    Lo que comenzó como una denuncia de colectivos de búsqueda derivó en una polémica sobre si se trataba de un sitio clandestino o un establecimiento autorizado. La confusión creció en redes sociales y el caso escaló a nivel nacional.

    El gobierno federal ha prometido que el lunes se dará un informe detallado sobre el tema. La mandataria ha pedido paciencia y aseguró que la investigación será basada en evidencia científica y transparencia.

    Y mientras la atención se centra en las exportaciones y en el caso del crematorio, una investigación sacude a las notarías públicas de Reynosa. No es común que se revise la actividad de los fedatarios. Lo que parecía un acto administrativo más ha terminado por abrir una discusión sobre la fe pública y el poder notarial en Tamaulipas.

    La revisión abarca a varios notarios. Las razones exactas de la indagatoria no se han hecho públicas, pero el proceso pone sobre la mesa un tema incómodo, ¿cómo opera el sistema notarial en una entidad donde la legalidad y la influencia política han ido, muchas veces, de la mano? En Tamaulipas, las notarías han sido históricamente espacios de poder. No es casualidad que sus titulares suelan tener vínculos con las administraciones en turno y que sus nombres aparezcan en círculos de influencia.

    La sola existencia de esta auditoría es suficiente para despertar dudas.

    La semana cierra con más preguntas que respuestas. La frontera sigue expectante sobre el futuro del comercio con Estados Unidos. Reynosa aguarda una explicación oficial sobre el crematorio. Las notarías están en el centro del escrutinio.

    En medio de esta incertidumbre, el informe del gobernador Américo Villarreal Anaya muestra una visión de crecimiento basada en la infraestructura y la inversión. Tamaulipas busca proyectarse como un actor clave en el comercio exterior y la conectividad logística.

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    Publicado en El Mañana de Reynosa:

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  • Incertidumbre como estrategia

    La amenaza de los aranceles no es solo un golpe comercial, es una declaración política. Donald Trump lo sabe bien. Más allá de si se aplican o no, la mera insinuación de restricciones comerciales ya provoca el efecto que busca: generar incertidumbre. En el mundo de los negocios, la estabilidad es un activo tan valioso como el capital. Si un inversionista duda sobre si México será un lugar seguro para fabricar, expandirse o trasladar su producción, la batalla ya está parcialmente ganada para el discurso proteccionista del expresidente estadounidense.

    El objetivo es evidente, presentar a México como un socio poco confiable, un país en el que las reglas del comercio pueden cambiar de un momento a otro, en el que instalar una fábrica podría significar enfrentarse a una barrera arancelaria inesperada. Un escenario cambiante es un arma que se esgrime sin necesidad de aplicar medidas concretas. La simple mención de restricciones comerciales puede frenar inversiones, reconfigurar planes de expansión y afectar la competitividad de sectores clave. Y aunque hoy los aranceles siguen en el aire, el solo hecho de que se hable de ellos ya ha generado movimientos en los mercados y en la industria manufacturera.

    El sector privado en la frontera ya siente la presión. Empresarios han advertido sobre las consecuencias que la incertidumbre comercial está generando en la industria maquiladora.

    La Cámara de Comercio de Reynosa y la Coparmex advirtieron que la industria maquiladora enfrenta un escenario complejo. El presidente de la Canaco Reynosa, Gildardo López Hinojosa, afirmó que la imposición de aranceles del 25% pone en riesgo la permanencia de 145 mil empleos en la industria manufacturera de la región.

    En tanto, la Coparmex también alertó sobre la inestabilidad que generan estas medidas. Su presidente, Heberardo González Garza, destacó que la cadena de suministro entre México y Estados Unidos perderá competitividad debido al encarecimiento de insumos y a la disrupción de procesos productivos que dependen del comercio transfronterizo.

    No es un tema menor. En esta región, el 55% del empleo formal depende de la manufactura de exportación. La relación con Texas no es opcional, es la base de un ecosistema económico profundamente integrado. 

    Texas, el principal estado exportador de Estados Unidos, mantiene una relación económica estrecha con México. En 2023, envió bienes y servicios al exterior por un valor de 444 mil 600 millones de dólares, representando el 22% del total nacional. Con Canadá, México y China como sus principales socios comerciales, el impacto de las nuevas tarifas ya se percibe en distintos sectores económicos del estado.

    Los efectos directos no tardaron en hacerse sentir. La Cámara de Comercio de Laredo, el puerto terrestre más grande del país, alertó en un comunicado que los aranceles golpearán tanto a los consumidores como a las empresas del estado. En la misma línea, los alcaldes de San Antonio y Arlington, Ron Nirenberg y Jim Rossa, dirigieron una carta a los dos senadores texanos en el Congreso estadounidense para manifestar su preocupación por los efectos adversos en la industria manufacturera automotriz.

    “Los aranceles representan una amenaza seria para el poder adquisitivo y los trabajos de los tejanos”, afirmaron los alcaldes en un documento, en el que señalaron que más de 10 mil empleos en sus ciudades dependen de la producción de camionetas pick-up de Toyota y General Motors. El mensaje es claro, la imposición de barreras comerciales no solo afecta a México, sino que también sacude la estabilidad económica de Texas y de todo Estados Unidos.

    En medio de este escenario, el gobierno de Claudia Sheinbaum ha apostado por mantener la estabilidad. La salida de Rogelio Ramírez de la O de la Secretaría de Hacienda, anunciada desde el inicio de la administración, se ejecutó en un contexto calculado para evitar sobresaltos en los mercados. La llegada de Edgar Amador Zamora como su reemplazo busca enviar una señal de continuidad. No hay improvisación, no hay cambios abruptos, solo un ajuste en la estructura gubernamental que no debe interpretarse como un giro en la política económica del país.

    Ramírez de la O, considerado el economista más influyente del país, permanecerá como asesor de la presidencia, lo que da cuenta del interés del gobierno por mantener una línea económica predecible, proyectar una imagen consistente, sin cambios radicales. Para un país que enfrenta una narrativa pesada proveniente de Estados Unidos, mantener la confianza de los inversionistas se ha vuelto una prioridad.

    El golpe a la industria automotriz es innegable. La producción y exportación de vehículos han mostrado signos de desaceleración. En febrero, las exportaciones de autos mexicanos cayeron un 9.2% en comparación con el mismo mes del año pasado.

    Las grandes armadoras estadounidenses han hecho presión sobre el gobierno de Trump para retrasar la imposición de aranceles a los vehículos importados desde México y Canadá. Por ahora, la administración estadounidense ha decidido postergar esta medida hasta abril, pero la industria de autopartes sigue sin claridad.

    La Agencia Nacional de Proveedores del Sector Automotriz ha señalado que la exclusión de las autopartes de la exención arancelaria es una de las mayores preocupaciones del sector. De acuerdo con la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz, si los aranceles entran en vigor, los costos de producción en Estados Unidos podrían aumentar entre un 15% y un 30%, lo que impactaría a consumidores y talleres mecánicos.

    La industria automotriz mexicana exporta el 80% de su producción a Estados Unidos, lo que representa el 20% del parque vehicular de ese país. Cualquier alteración en la cadena de suministro puede generar alteraciones de gran escala.

    Lo que está en juego no es solo el comercio, sino la estabilidad de un modelo económico que ha permitido la integración de Norteamérica durante décadas. México ha demostrado ser un socio confiable para la economía estadounidense, pero los ataques constantes desde Washington siembran dudas sobre el futuro de la relación.

    La renegociación del T-MEC en 2026 se perfila como el próximo gran campo de batalla. Pero, por ahora, con un panorama en constante cambio, la clave será anticiparse a los movimientos y no solo reaccionar a ellos. La incertidumbre no puede marcar el rumbo.

    Publicado en El Mañana de Reynosa

  • El reloj avanza y la frontera se redefine

    El reloj avanza y la sombra del proteccionismo vuelve a colocarse sobre la economía mexicana. Donald Trump ha confirmado que, a partir de marzo, Estados Unidos impondrá un arancel del 25% a las importaciones de México y Canadá. En el discurso, la justificación es la misma de siempre, seguridad, narcotráfico, inmigración. En la práctica, la medida responde a un cálculo político y económico. Lo que está en juego es la competitividad de la manufactura mexicana, por supuesto, incluida la instalada en Tamaulipas.

    El panorama económico de la frontera enfrenta retos clave. Los aranceles pondrán a prueba la fortaleza del sector productivo tamaulipeco, mientras que el programa Hecho en México busca impulsar el contenido nacional en una economía regional dependiente de la exportación. A la par, la oferta laboral para repatriados sigue siendo limitada. En este escenario, el estado se encuentra en un punto donde la capacidad de adaptación definirá su papel en el intercambio comercial binacional.

    La frontera ha aprendido a moverse en medio de la incertidumbre. En 2018, la administración Trump aplicó aranceles similares, pero el golpe fue menor porque solo afectaron materias primas. Esta vez, la medida incluye autopartes, electrodomésticos y productos electrónicos, afectando un universo mucho más amplio de la economía. De acuerdo con un análisis del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), los bienes alcanzados por el nuevo arancel representaron más de 20 mil millones de dólares en exportaciones en 2024, lo que equivale al 4.7% del total de exportaciones mexicanas y al 1.5% del PIB nacional. Se trata de un impacto de otro orden, con efectos en manufactura, empleo y crecimiento regional.

    El sector automotriz, piedra angular de la industria en Tamaulipas, es uno de los más expuestos a los golpes de la Oficina Oval, de las 123 fracciones arancelarias incluidas en la proclamación presidencial, 68 corresponden a la industria automotriz, desde sistemas de aire acondicionado hasta accesorios para carrocerías. Solo estas fracciones sumaron más de 7,719 millones de dólares en exportaciones a EE.UU. en 2024. Para una industria que opera bajo márgenes muy vigilados por los corporativos y con decisiones estratégicas globales, un arancel del 25% puede ser la diferencia entre la expansión o la reconfiguración de su cadena de producción.

    La manufactura fronteriza se enfrenta a un doble desafío. Por un lado, las maquiladoras de la región son un motor de empleo, pero operan bajo un modelo que depende de la exportación de productos terminados a Estados Unidos. Por otro, la estrategia de la presidenta Claudia Sheinbaum para impulsar el programa Hecho en México choca con una realidad estructural, la mayoría de las empresas no generan contenido nacional, sino que ensamblan y exportan. La pregunta es si este plan puede realmente fortalecer la integración de productos mexicanos en un sector que históricamente ha sido dependiente de insumos extranjeros, y cómo sería posible que las empresas se inserten a las cadenas productivas en este contexto. 

    Sumado a todo este panorama, Tamaulipas enfrenta un reto laboral en su papel como una de las principales puertas de regreso para los migrantes repatriados. A pesar de ser un estado clave en la contención de migrantes repatriados, su capacidad para ofrecerles empleos sigue siendo limitada. De los 50 mil puestos de trabajo disponibles a nivel nacional, a través de las empresas que agrupa el poderoso Consejo Coordinador Empresarial, solo 590 se encuentran en la entidad, una cifra significativamente menor en comparación con estados como Nuevo León (7,379) y Coahuila (2,676). 

    Cuando se anunció la estrategia para facilitar la inserción laboral de los repatriados, el CCE le manifestó a la presidenta Claudia Sheinbaum su disposición para generar oportunidades en distintos estados del país. Estamos hablando de un gigante que concentra a más de 2 mil empresas y el 80% del PIB nacional, pero cuyo peso aún no se traduce en oportunidades reales para los repatriados en Tamaulipas.

    Mientras las amenazas arancelarias avanzan y cada vez parecen más reales, los empresarios buscan estrategias para mantenerse cerca del poder. Algo muy interesante está sucediendo en Monterrey, donde la élite empresarial ha encontrado una nueva vía de influencia en Washington, el acceso directo a la administración de Trump, con un precio de entrada de 250 mil dólares. Un grupo, encabezado por la activista Betty Cárdenas, ha impulsado la coalición Bienvenido Empresarios, que ofrece membresía a un club selecto con acceso a reuniones privadas con el círculo de influencia del mandatario norteamericano. En un contexto donde la política comercial de Estados Unidos es más volátil que nunca, los regiomontanos buscan posicionarse no solo como actores económicos, sino como jugadores clave en la toma de decisiones.

    Esta relación entre la élite empresarial y el trumpismo no es casualidad. En 2021, México demandó a fabricantes de armas estadounidenses por facilitar el tráfico ilegal de armamento al país. Entre los acusados se encontraba la Asociación Nacional del Rifle (NRA), con la que Cárdenas mantiene fuertes vínculos. Su influencia no solo radica en el comercio, sino en la política migratoria y de seguridad, cuestiones que el presidente norteamericano ha utilizado como excusa para justificar los aranceles. La estrategia de los hombres del dinero es clara, si el juego se inclina a favor del proteccionismo, la única opción es comprar un asiento en la mesa donde se firman las órdenes ejecutivas.

    Mientras Estados Unidos endurece su postura comercial, México apuesta por reforzar su contenido nacional, y los empresarios buscan blindarse ante la volatilidad política de Trump. La frontera no se detendrá, pero las reglas del juego están cambiando. La pregunta es quién logrará adaptarse en esta nueva era de reconfiguración económica.

    Publicado en El Mañana de Reynosa

  • IMCO: El impacto potencial de los aranceles al acero y aluminio

    Los nuevos aranceles al acero y aluminio impuestos por Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump podrían tener un impacto mayor al registrado en 2018. De acuerdo con el análisis del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), la medida afectaría el 4.7% de las exportaciones mexicanas, equivalente a más del 1.5% del PIB de 2024. A diferencia del arancel previo, que se centró en materias primas como el hierro, el acero y el aluminio, la nueva disposición amplía su alcance a productos manufacturados esenciales para la industria mexicana, como autopartes, electrodomésticos y equipos electrónicos.

    El sector automotriz es uno de los más vulnerables ante esta medida. De las 123 fracciones arancelarias incluidas en la proclamación presidencial, 68 corresponden a componentes y piezas utilizadas en la fabricación de vehículos y camiones. Solo estas nuevas categorías representaron más de 20 mil millones de dólares en exportaciones en 2024, un 3.91% del total de envíos de México a Estados Unidos. La fracción más afectada es la de partes y accesorios para carrocerías, que sumó 7,719 millones de dólares en importaciones estadounidenses desde México el año pasado. La imposición de un 25% de arancel a estos productos podría desincentivar la competitividad del sector y generar presión en la industria manufacturera nacional.

    El impacto de estos aranceles no solo se limitaría a la industria automotriz. La inclusión de bienes de alto valor agregado, como maquinaria industrial, reactores nucleares y dispositivos eléctricos, elevará los costos de producción para las empresas mexicanas y reducirá la eficiencia de exportación. Además, la incertidumbre sobre nuevas medidas proteccionistas por parte de Estados Unidos podría afectar las inversiones en sectores clave. En este contexto, el análisis del IMCO destaca la necesidad de una estrategia comercial y diplomática que minimice los efectos de estas disposiciones y garantice la estabilidad de las exportaciones mexicanas.

    Aquí comparto el estudio realizado por el IMCO:

  • Tamaulipas logístico, oportunidad para las nuevas generaciones

    Las fronteras nunca se detienen. A pesar de los cambios políticos, los aranceles o los discursos de campaña, el comercio entre México y Estados Unidos sigue su curso. Tamaulipas es un testigo y protagonista de esa realidad. Cada día, miles de camiones atraviesan sus puentes internacionales, cargados con mercancías que sostienen el abastecimiento de Norteamérica.

    El comercio exterior es uno de los pilares económicos de la región. En 2023, Tamaulipas exportó más de 34,200 millones de dólares, lo que representó el 6.4% del total nacional. Al tercer trimestre de 2024, sus exportaciones sumaban 27,300 millones de dólares, consolidándolo entre los cinco estados con mayor actividad exportadora del país. En este ecosistema, Reynosa se posiciona como un eslabón clave.

    El Puente Internacional Pharr es el termómetro más preciso de la actividad comercial, más del 35% de los productos agrícolas que México exporta a Estados Unidos pasan por aquí. La industria automotriz, la manufactura avanzada y el comercio de bienes electrónicos encuentran en esta frontera una vía estratégica.

    Nuevo Laredo, por su parte, reafirma su posición como el punto de cruce comercial terrestre más importante de América Latina. La instalación de la Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM) en la ciudad es un reconocimiento de su papel crucial en el comercio exterior. Con más del 40% del intercambio comercial con Estados Unidos pasando por esta frontera, la modernización de su infraestructura aduanera será determinante para la competitividad del país en los próximos años.

    Sin embargo, hay una contradicción en el crecimiento de Tamaulipas, mientras el comercio avanza, la disponibilidad de talento especializado no crece al mismo ritmo. La logística es un sector en auge, pero las generaciones más jóvenes no parecen ver en él una ruta de desarrollo profesional.

    El déficit de operadores de transporte de carga es un síntoma evidente de este fenómeno. Actualmente, voces en México apuntan una escasez de más de 60 mil conductores de camión, lo que ralentiza la cadena de suministro y encarece la movilidad de mercancías. Para hacer frente a esta crisis, el CONALEP Tamaulipas ha lanzado la carrera de Autotransporte en Reynosa, Mante, Nuevo Laredo y Tampico, con el objetivo de formar nuevos operadores capacitados. Se han instalado simuladores de conducción en su plantel del sur y se espera que lo hagan también en el resto, con la intención de mejorar la calidad en la formación de los futuros conductores.

    Pero el problema va más allá del transporte. La logística actual exige especialistas en análisis de rutas, comercio exterior, regulación aduanera y gestión de almacenes. Empresas multinacionales buscan analistas de comercio exterior y cumplimiento normativo; los parques industriales de Reynosa requieren administradores de cadena de suministro.

    Algunas instituciones educativas han comenzado a responder a esta demanda. La Universidad Tecnológica de Tamaulipas Norte (UTTN) ha fortalecido su vinculación con la industria logística. Recientemente, alumnos de la carrera de Logística visitaron Empaques Río Grande, en el Parque Industrial Reynosa, donde observaron de primera mano el ciclo completo de producción y distribución. La experiencia les permitió identificar cada etapa de la cadena de suministro y entender los procesos que intervienen en la entrega de un producto final. Más allá de una visita académica, la iniciativa aseguró espacios para futuras estadías de los estudiantes en la empresa, consolidando un puente directo entre la formación académica y el sector empresarial.

    Otras instituciones han seguido el mismo camino. El Instituto Internacional de Estudios Superiores (IIES) ha llevado a sus alumnos al Pharr Development and Research Center, donde han recibido capacitación en seguridad y normativas de comercio exterior. La Asociación de Agentes Aduanales de Reynosa, por su parte, ha abierto sus puertas a los estudiantes del CETIS #71 para acercarlos al mundo del despacho aduanero y la logística internacional.

    Mientras la región trabaja por cerrar la brecha entre la demanda de talento y la formación académica, el comercio sigue enfrentando incertidumbre. La posible reinstauración de políticas arancelarias bajo la administración de Donald Trump podría modificar la dinámica transfronteriza. Sin embargo, los expertos coinciden en un punto: los aranceles no eliminan el comercio, solo lo obligan a adaptarse.

    Estados Unidos y México están demasiado integrados como para romper la relación comercial. La cercanía geográfica y el marco del T-MEC siguen dando a México una ventaja estratégica que ni China ni otros mercados pueden igualar. El fenómeno del nearshoring, impulsado por la reconfiguración de cadenas de suministro globales, ha fortalecido el papel de Tamaulipas en la industria manufacturera. En este escenario, la negociación del secretario de Economía Marcelo Ebrard, de los términos comerciales por parte de México será determinante para mantener su competitividad.

    Más allá de las decisiones que se tomen en Washington o en Palacio Nacional, lo que definirá el futuro de Tamaulipas es su capacidad para formar el talento que requiere su industria. Mientras algunas regiones de México enfrentan mercados laborales saturados y opciones limitadas para los jóvenes, la logística sigue siendo un sector con demanda asegurada, salarios competitivos y oportunidades de crecimiento.

    El comercio internacional es un motor de esta región y seguirá creciendo en los próximos años. Sin embargo, si las nuevas generaciones no se capacitan y asumen el liderazgo en el sector logístico, Tamaulipas corre el riesgo de perder competitividad. Hoy, la frontera necesita jóvenes que entiendan su importancia y aprovechen el momento. Reynosa no solo es un punto de cruce, es un centro de oportunidades para quienes sepan verlas y prepararse para tomarlas.

    Publicado en El Mañana de Reynosa

  • Lo que Reynosa se juega en Washington

    Reynosa produce, pero no decide. Exporta, pero su futuro se juega lejos de sus fábricas, en las mesas de Washington. Como toda la frontera, su destino depende de negociaciones ajenas. Este jueves, los gobiernos de México y Estados Unidos discutirán aranceles, migración y seguridad en la Casa Blanca. Son temas de Estado, pero en la práctica, se traducen en empleos, inversiones y crecimiento… o en recortes, cierres y crisis.

    Detrás del primer acercamiento entre los equipos de Claudia Sheinbaum y Donald Trump hay algo más que diplomacia, está en juego la estabilidad de 134 mil trabajadores y de una ciudad que vive al ritmo del comercio bilateral.

    Cuando la presidenta mexicana envíe a Marcelo Ebrard y Omar García Harfuch a Washington, los titulares de economía y seguridad hablarán de entendimiento entre naciones, pero en Reynosa la preocupación será otra, si se mantendrán los empleos, si las fábricas seguirán exportando, si las reglas de juego no cambiarán de un día para otro.

    No es solo una ciudad fronteriza. Es el corazón industrial de Tamaulipas. Reynosa alberga 158 plantas manufactureras, genera el 43% del empleo maquilador del estado y mueve mercancías por más de 16 mil millones de dólares al año, de los cuales el 96.5% tiene como destino Estados Unidos, según el INEGI y la Secretaría de Economía. Su economía no depende solamente de México, sino de un tratado comercial que Washington pretende modificar, endurecer o reinterpretar a su antojo

    El Puente Internacional Reynosa–Pharr es la arteria principal del comercio binacional. Solo en 2022, 27,700 millones de dólares en exportaciones mexicanas cruzaron por ahí. Datos oficiales de Estados Unidos indican que en diciembre de 2024, 56,425 camiones se dirigieron al norte, un incremento del 5.59% respecto al mismo mes del año anterior. Y para dimensionar lo que está en juego, basta con un dato: en 2024, este puente generó 1.4 millones de dólares en ingresos por peajes de camiones.

    El sector automotriz es una pieza clave en este dilema. En 2023, Reynosa exportó 2,606 millones de dólares en partes y accesorios de vehículos, de los cuales el 97.8% tuvieron como destino Estados Unidos. Su competitividad depende del libre comercio. Pero también de los costos de producción.

    Ahí radica el riesgo. Un ajuste en los aranceles bajo el T-MEC no sería un problema técnico, podría desencadenar una crisis laboral. Cualquier incremento en los costos de exportación encarecería la producción y reduciría la rentabilidad de las maquiladoras, lo que impactaría directamente en el empleo. Empresas como Corning, Panasonic y LG, que hoy sostienen muchos empleos en la ciudad, dependen de la agilidad comercial con Estados Unidos. Si Washington aprieta, Reynosa resiente.

    Pero el problema va más allá de los aranceles. La migración en Reynosa no es un fenómeno temporal, es una constante. Miles de migrantes atraviesan la frontera, pero muchos se quedan. Una política migratoria más dura no solo generará mayor presión social en la frontera, sino que también afectará la disponibilidad de mano de obra en la industria maquiladora, donde la rotación de personal ya es alta.

    Si producir es vital, hacerlo con seguridad es esencial. Este punto es un factor clave para la competitividad industrial. Por eso, la presencia de García Harfuch en la Casa Blanca no es simbólica, es una prueba de que economía y seguridad son inseparables.

    No, no se esperan acuerdos inmediatos en esta reunión. Pero Reynosa debe entender que, aunque no tenga un asiento en la mesa, está en el centro del juego. Un mal acuerdo podría significar cierres de fábricas y pérdida de empleos. Una negociación favorable, en cambio, asegurará crecimiento y nuevos empleos.

    Por eso, para Reynosa, lo que se discuta en la Casa Blanca no es diplomacia, es el futuro.

    Publicado en El Mañana de Reynosa