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Tamaulipas

  • El precio de una frase

    A veces, una frase basta para acabar con décadas de carrera política. No se necesita un escándalo judicial, ni una investigación oficial, ni una denuncia formal. Basta una declaración pública, un micrófono abierto, una frase mal dicha. O peor, bien pensada, malintencionada y fuera de lugar. Eso es lo que acaba de ocurrir con Manuel Cavazos Lerma, exgobernador de Tamaulipas y hasta hace unos días secretario de Operación Política del Comité Ejecutivo Nacional del PRI. Su caída no fue por estrategia, ni por traición, ni por una elección perdida. Fue por una frase.

    En plena conferencia de prensa, hablando del caso del diputado Cuauhtémoc Blanco, acusado de abuso sexual, Cavazos Lerma pronunció una afirmación que no solo fue insensible, sino que además rompió con todo código de respeto mínimo hacia las víctimas. Dijo que primero “tienen que probarle que intentó violar a la hermana, que no está muy violable que digamos”. Una frase que se propagó como pólvora por las redes sociales, que indignó incluso a quienes no militan ni simpatizan con ninguna causa feminista y que activó, con razón, una respuesta inmediata del PRI. Alejandro Moreno, presidente nacional del partido, lo removió de su cargo. Y lo hizo con una frase corta, sin margen de interpretación, pero con todo el peso político que una decisión así requiere. Lo removió porque la política ya no tolera ese tipo de machismo impune, al menos no en público.

    Lo ocurrido con Cavazos Lerma no es solo un desliz, como algunos han querido minimizarlo. Es un recordatorio de que en política, hoy más que nunca, las narrativas importan. Y no solo para ganar campañas, también para sostenerse en los espacios de poder. Cavazos no es un improvisado. Economista por el Tec de Monterrey, con maestría en Londres, catedrático del ITAM, exsenador, exdiputado, exgobernador, operador electoral en múltiples estados. No se trata de un personaje accidental, ni de un advenedizo en busca de reflectores. Es, de hecho, uno de los últimos representantes del priismo clásico en Tamaulipas. Un perfil formado en la era del partido hegemónico, que entendía el poder como un ejercicio de verticalidad y cálculo.

    Lo que sorprende no es que haya dicho lo que dijo. Lo que sorprende es que, con todo ese colmillo político que se le atribuye, haya sido incapaz de leer los tiempos. Que no haya entendido que los micrófonos ya no son los mismos, que los periodistas no son los mismos, que la audiencia ya no es la misma. Y, sobre todo, que las mujeres no son las mismas. Lo que antes se reía en una sobremesa o se aplaudía como “ocurrencia” en una reunión de partido, hoy puede costar la carrera. No por censura, sino por justicia.

    Cavazos Lerma fue gobernador de Tamaulipas en los años noventa. Una época en la que el control del estado aún se concentraba en unas cuantas manos, donde los medios eran más obedientes y donde el poder tenía menos frenos y contrapesos. Desde entonces, su figura ha transitado por zonas grises. Hay quienes lo recuerdan como un hombre metódico, hábil, con buena formación. Otros lo asocian a episodios turbios, a señalamientos que nunca se aclararon del todo, a relaciones incómodas con sectores poco recomendables. 

    Entre esas sombras, ha circulado por años una versión que, aunque nunca se ha confirmado, tampoco ha desaparecido del todo. Se trata de rumores sobre presuntas relaciones inapropiadas, comentarios que se repiten en voz baja en ciertos círculos políticos de Tamaulipas. No hay denuncias, no hay pruebas, no hay expedientes abiertos. Son relatos siempre sugeridos, nunca confirmados, que sobreviven en el margen entre la sospecha y el rumor, el secreto a voces. Pero la narrativa está ahí, flotando, como una deuda pendiente con la opinión pública, que el propio exgobernador ha desenterrado con sus declaraciones.

    Tal vez por eso su declaración sobre el caso Cuauhtémoc Blanco fue tan mal recibida. No solo fue insensible, también pareció una provocación. Una imprudencia, viniendo de alguien que debería ser más cuidadoso. Porque en política, lo que se dice puede arrastrar también lo que se calla. Y en su caso, lo dicho revivió lo insinuado. Lo que por años se comentó en pasillos, en sobremesas, en columnas discretas, hoy volvió a escena. Y esta vez, con el viento en contra.

    La defensa de Cuauhtémoc Blanco, además, no tenía justificación estratégica. No era necesario. No lo une una trayectoria política, ni una causa común, ni siquiera una lealtad partidista. Cavazos decidió involucrarse por iniciativa propia, como si buscara un lugar en la conversación pública. Y lo logró, aunque no como esperaba. No fue una defensa, fue un autogol. Y no fue una jugada, fue un descuido fatal.

    En la política de hoy, los misóginos apestan. Y no solo en la política, también en la academia, en los medios, en las empresas. El cambio cultural avanza, aunque sea lento. Ya no es admisible disfrazar la violencia de chiste, ni justificar el abuso con argumentos cínicos. El poder, si quiere sobrevivir, debe aprender nuevos lenguajes. Y también nuevas reglas. Esta caída de Cavazos Lerma es el ejemplo más reciente de esa transformación. Y es, quizás, la más simbólica en un estado donde el priismo aún conserva algunas islas de influencia.

    Para quienes conocen la trayectoria de Cavazos, esto no es solo una anécdota. Es un giro amargo para alguien que parecía haber encontrado un segundo aire como operador nacional del PRI. Su experiencia era valorada en campañas, sus análisis aún eran consultados. Pero en un momento, una frase lo desconectó de todo eso. La política también enseña. Y tal vez esta lección le llegue tarde.

    Habrá quien diga que fue exagerado, que fue un error humano. Pero lo que ocurrió revela algo más profundo. Hay figuras que no logran adaptarse a los nuevos tiempos. Que siguen hablando como si aún gobernaran solos, como si nada hubiera cambiado. Y no se dan cuenta de que la sociedad sí cambió, que ya no perdona con tanta facilidad, que ya no calla ante el abuso ni el desprecio. Que ya no aplaude la grosería disfrazada de picardía.

    Cavazos Lerma quiso volver a escena. Quiso levantar la voz y demostrar que aún tenía algo que decir. Lo hizo, pero el resultado fue otro. Se convirtió en tendencia en redes, pero no por su visión, sino por su falta de sensibilidad. No por un legado político, sino por su retroceso. La historia no siempre da segundas oportunidades. Y cuando las da, hay que saber usarlas. Porque a veces, una sola frase basta para escribir el final de una carrera.

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  • Reynosa bajo el agua; Reynosa de pie

    El agua cayó sin tregua sobre Reynosa el 27 de marzo. En menos de tres horas, una ciudad entera se transformó en un espejo de lodo, escombros y angustia. Las imágenes que comenzaron a circular en redes sociales esa tarde parecían tomadas de otro tiempo, de otro país, de una catástrofe distante. Pero no. Era aquí. Eran las avenidas principales convertidas en ríos, los coches arrastrados como juguetes, las casas inundadas hasta el pecho, los niños en brazos de sus madres cruzando calles con el agua al cuello. Era Reynosa, una vez más al límite.

    La tormenta desbordó en un tiempo récord los canales Rodhe y Anzaldúas, arterias que atraviesan la ciudad y que colapsaron bajo la presión de una lluvia inusual por su intensidad, pero no por su impacto. El agua no solo inundó las calles, también se metió en los hogares, en las aulas, en los comercios. La Secretaría de Educación estatal suspendió todas las clases hasta el 1 de abril, con el fin de evaluar los daños en cada escuela. Pero mientras los destrozos se evaluaban, los ciudadanos actuaban.

    Desde los primeros minutos, cuando las imágenes de las calles anegadas comenzaron a aparecer en los celulares, una oleada distinta se extendió por toda la ciudad. No era agua, era solidaridad. En medio del caos, desconocidos se convertían en aliados, ofreciendo su ayuda para rescatar a quienes habían quedado atrapados. Un padre cruzaba nadando el bulevar Hidalgo para salvar a su hijo. Un hombre cedía su lancha para evacuar a vecinos aislados por la crecida. Hombres con cuerdas improvisadas formaban cadenas humanas para sacar autos varados. En un Seven Eleven, cuyo techo colapsó por la fuerza de la tormenta, los trabajadores lograron salir con vida gracias a la reacción de quienes estaban cerca. Alumnos del Cetis 71 y del Cobat 7 tuvieron que dormir en la escuela. Volver a casa fue imposible, pero hubo quienes llegaron con cobijas y comida. Estas escenas, grabadas, compartidas y replicadas, son las que quedarán en la memoria colectiva. Porque en Reynosa, cuando el agua lo arrasa todo, la gente responde con lo mejor de sí. Y cuando todo parece perdido, la ciudad vuelve a demostrar que su mayor fuerza está en su gente.

    En la colonia Voluntad y Trabajo, un hombre intentó destapar una alcantarilla para permitir que el agua bajara. Lo hizo por instinto, por urgencia, por comunidad. La corriente lo succionó. Se lo llevó. El cuerpo fue hallado al día siguiente en el canal donde desemboca el drenaje pluvial. La ciudad lo lloró en silencio. No era un político, no era un funcionario, era un ciudadano que intentó ayudar y que perdió la vida por una infraestructura que no resiste. Esa muerte no fue solo una pérdida, fue una acusación muda contra un sistema que no previene, que no mantiene. Una acusación, también, contra quienes, con descuido cotidiano, convierten las calles en basureros y alimentan el colapso cada vez que llueve.

    Las autoridades han hablado de lluvias atípicas, de fenómenos extraordinarios. Pero en Reynosa, como en muchas otras ciudades del país, lo extraordinario se ha vuelto rutinario. Cada año, cada temporada de lluvias, se repite el mismo ciclo. Calles convertidas en canales, hogares convertidos en presas, vidas paralizadas por la falta de drenaje, de planificación, de respuesta. La naturaleza descarga su furia, sí, pero la omisión humana hace el resto. Las lluvias no matan, matan la negligencia, destruye la indiferencia, el abandono.

    Las redes sociales, tantas veces escenario de polarización, esta vez sirvieron como canal de ayuda y de esperanza. Bajo los hashtags de la tragedia, circularon también las manos extendidas. “Entre lodo y escombros, así se ve la esperanza”, escribió El Mañana de Reynosa en Facebook. Y era cierto. Las fotografías mostraban a personas barriendo la calle, vehículos destruidos por la inundación, basura acumulada por la corriente del agua, muebles empapados y destruidos, cocinas llenas de lodo; retratos de la vida cotidiana apagándose. 

    Vimos también en redes la otra cara de la tragedia. La del esfuerzo silencioso, la del corazón en alto. Una ciudad reconstruyéndose con las uñas y con el alma. Porque en Reynosa, incluso cuando todo parece perdido, siempre hay alguien dispuesto a volver a empezar. Reinventarse, rehacerse, reiniciar, resistir; eso es Reynosa. Levantarse y continuar.

    Hoy Reynosa tiene algo más que lodo. Tiene memoria. Y esta inundación, como otras antes, quedará marcada en su historia no solo por el agua que arrasó, sino por la dignidad de quienes la enfrentaron. Porque esta ciudad, tantas veces estigmatizada por la violencia, por el abandono, por la crisis migratoria, es también una ciudad de resistencia. Una ciudad donde la gente sale a barrer su calle aunque no haya nadie que lo pida. Donde se tienden lazos, no porque haya cámaras o recompensas, sino porque es lo correcto.

    El río Bravo, mientras tanto, se encuentra lleno. Las zonas cercanas al cauce viven en estado de alerta. Las lluvias podrían volver, y con ellas, el temor de que lo que ya ocurrió se repita con mayor fuerza. Familias enteras vigilan el cielo con ansiedad, no como un fenómeno meteorológico, sino como una amenaza. Y esa incertidumbre se suma a una lista de angustias que ya eran largas. La preocupación no debería centrarse únicamente en el pronóstico del clima, sino en el estado del sistema de drenaje, en la limpieza de los canales, en la capacidad de respuesta de las autoridades, en los recursos disponibles para mitigar y prevenir.

    Porque si algo quedó claro es que el primer frente de respuesta no vino desde los escritorios. Vino desde la calle, desde los vecinos, desde los anónimos. Reynosa se ayudó a sí misma. Fue una mano tendida desde Reynosa para Reynosa. Esa mística, esa magia, no se improvisa. Nace de la experiencia, de la adversidad, de años aprendiendo a vivir con poco, con miedo, pero también con mucho corazón y un enorme coraje. Con ganas de salir adelante frente a todo.

    Ahora, mientras se calcula el costo de los daños, mientras se activan protocolos y se hacen diagnósticos, hay una lección que no puede pasar desapercibida. La tragedia no solo fue el agua, fue la desprotección. No basta con esperar a que la lluvia cese. Hay que garantizar que no vuelva a golpear con la misma fuerza, que no arrase con la misma facilidad, que no cobre las mismas vidas.

    La ciudad necesita mucho más que limpieza. Necesita planes hídricos sostenibles, inversiones reales en infraestructura pluvial, campañas permanentes de concientización y una cultura de prevención que involucre a todos. Porque no se puede seguir esperando que la solidaridad lo resuelva todo. Porque la próxima vez podría no haber tiempo para reaccionar.

    Pero hoy, a pesar del lodo, del dolor, de las pérdidas, hay algo que permanece. La certeza de que Reynosa no se rinde. Que incluso en medio de una ciudad anegada, donde la lluvia borra los caminos, la gente sigue caminando. Con escoba en mano y con el corazón entero.

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  • Niñez en la mira

    A los 16 años, la vida apenas comienza. Sin embargo, en Tamaulipas, también puede terminar en una brecha, en medio de un enfrentamiento con la policía o con militares, empuñando un arma que no se debería haber tocado jamás. Eso ocurrió recientemente en Río Bravo, donde un adolescente perdió la vida tras un enfrentamiento con elementos de la Guardia Estatal. De acuerdo con las autoridades, formaba parte de un grupo criminal que agredió a los oficiales. La escena no es inédita, pero cada vez es más frecuente. La infancia en esta región del país está bajo asedio. Los padres de familia, los tutores, son la primera línea para evitarlo.

    La Secretaría de Seguridad Pública del estado ha reconocido públicamente que al menos el diez por ciento de las actividades del crimen organizado involucran a menores de edad. Más de mil doscientos jóvenes han sido detenidos en flagrancia por delitos como homicidio, tráfico de drogas y lesiones. La Fiscalía General del Estado ha documentado estas detenciones en treinta de los cuarenta y tres municipios de la entidad, lo que revela una dispersión territorial amplia, no confinada a zonas tradicionalmente conflictivas.

    Lo alarmante es la concentración de estos casos en ciertos municipios clave. Siete de ellos, entre los que destacan Nuevo Laredo, Reynosa y Matamoros, concentran más del noventa por ciento de los jóvenes detenidos por delitos relacionados con el crimen organizado. No es casualidad. Se trata de zonas con fuerte presencia de grupos delictivos, rutas de tráfico y una base social vulnerada por la pobreza, la marginación y la ausencia de la familia. En estos espacios, el crimen no solo se infiltra, sino que seduce, ofrece una narrativa de poder, pertenencia y dinero que resulta atractiva para quienes tienen poco o nada.

    Los números no mienten. Mil cincuenta y nueve de los jóvenes detenidos eran hombres y ciento cincuenta y cuatro eran mujeres. Una proporción de cuatro a uno que también habla de los roles que la delincuencia asigna a sus integrantes más jóvenes. Mientras los hombres suelen ser reclutados para tareas operativas, las mujeres son utilizadas en labores de logística, transporte o como señuelo. La desigualdad también se manifiesta en la manera en que el crimen utiliza los cuerpos y las vidas de los adolescentes.

    Una investigación conjunta de la Red por los Derechos de la Infancia en México y el Observatorio Nacional Ciudadano señala que al menos ciento cuarenta y cinco mil niños y adolescentes en el país están en riesgo de ser reclutados por grupos delictivos. Es una cifra escalofriante, y sin embargo, parece no provocar el debate nacional que merece. En el norte del país, en especial en Tamaulipas, esta amenaza es ya una realidad consumada. Reynosa, por ejemplo, ha sido señalada como el municipio con mayor incidencia de reclutamiento infantil por parte del crimen organizado, de acuerdo con un informe de la Secretaría de Gobernación.

    Las rutas del reclutamiento no siempre comienzan con una pistola apuntando a la cabeza. El informe de la Dirección General de Estrategias para la Atención de Derechos Humanos detalla un modus operandi que incluye vigilancia previa, selección de víctimas, seducción mediante videojuegos, engaños e incluso la promesa de una vida mejor. A veces hay amenazas, a veces no. A veces hay armas, otras veces solo promesas. Pero el resultado es el mismo: un menor de edad atrapado en la maquinaria criminal, con pocas posibilidades de salida.

    El caso del adolescente abatido en Río Bravo lo ilustra con crudeza. No solo fue reconocido por las autoridades como parte de un grupo armado, sino que incluso ese mismo grupo lamentó su muerte y lo despidió en redes sociales como si se tratara de un héroe. La pregunta relevante no es por qué estaba ahí, sino cómo llegó a estarlo. Qué condiciones empujaron a ese adolescente a empuñar un arma en lugar de cargar una mochila con libros. Quiénes lo dejaron a la deriva para tomar un mal camino.

    La narrativa del crimen también seduce desde la simbología, la música, el falso poder y la idea de pertenecer a algo. En un entorno donde la familia se esfuma, los grupos delictivos llenan ese vacío con un discurso atractivo para los jóvenes que se sienten solos, frustrados o desamparados.

    La respuesta comienza en casa. Ninguna política pública será suficiente si en el núcleo familiar se descuida la formación, el afecto y la vigilancia cotidiana. El papel de madres, padres y tutores es insustituible. Son ellos quienes deben estar atentos a los cambios en el comportamiento de sus hijas e hijos, saber con quién se relacionan, en qué emplean su tiempo y qué tipo de influencias los rodean. No se trata de ejercer control desde el miedo, sino de construir vínculos sólidos, de confianza y comunicación. En un entorno donde el crimen acecha desde la esquina, desde la pantalla o desde la escuela, la familia debe ser el primer muro de contención. Porque si ese muro falla, todo lo demás llega tarde.

    La violencia ha trastocado el presente y el futuro de miles de niños en México. Algunos han sido víctimas, otros victimarios y muchos ambos. La frontera entre ambos roles se borra en medio de la impunidad y la falta de atención. La niñez se ha convertido en un terreno de disputa entre la esperanza y el miedo. El crimen ha demostrado su capacidad para infiltrar todos los espacios posibles, incluso las infancias. Debemos trabajar todos por recuperar ese terreno antes de que sea demasiado tarde.

    Los datos están ahí. Mil doscientos jóvenes atrapados en actividades criminales en solo un año, con un promedio de más de tres casos diarios. Cientos de familias marcadas por el dolor, por la pérdida, por el estigma. Una sociedad que observa en silencio cómo la infancia se militariza, se criminaliza o se pierde.

    Prevenir el reclutamiento infantil debe ser una prioridad. No solo por razones morales o legales, sino porque de ello depende el futuro del país. Cada niño que se incorpora al crimen es una derrota colectiva. Cada adolescente que cae en un enfrentamiento armado es una señal de que algo muy profundo está roto. Y cada vida arrebatada debería ser un recordatorio de que no hay tiempo que perder.

    Imagen: Gaceta UDG

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  • Elección judicial: perfiles, relaciones y la operación

    Las boletas ya están en proceso de impresión. El pasado 15 de marzo, el IETAM inició la producción de actas y boletas para una de las elecciones más singulares que vivirá Tamaulipas, la del Poder Judicial. El 1 de junio de 2025, la ciudadanía tamaulipeca elegirá, por voto directo, a quienes ocuparán cargos como magistrados, jueces de primera instancia y otras posiciones clave del sistema de justicia local. Un ejercicio histórico que pone a prueba no sólo la madurez democrática del estado, sino también la capacidad de la ciudadanía para participar de forma informada en un proceso técnico y, hasta ahora, muy poco conocido. Y por qué no decirlo, a muy pocos sectores de la población les interesa.

    Los cargos en disputa no son menores. Están en juego las magistraturas del Pleno del Supremo Tribunal de Justicia, la Magistratura Supernumeraria, las magistraturas regionales, jueces de primera instancia, jueces menores y hasta los magistrados del Tribunal de Disciplina Judicial. La geografía electoral para este proceso es muy compleja, 43 consejos municipales y 15 distritales serán instalados para organizar los comicios. Seis regiones del Sistema de Justicia Penal Acusatorio y Oral, 15 distritos judiciales, cinco de ejecución penal, seis del Sistema Integral de Justicia para Adolescentes y seis regiones de Tribunales Laborales conforman el entramado territorial.

    Sin embargo, más allá del andamiaje institucional, hay un hecho que no pasa desapercibido, muy pocos de los aspirantes son personajes visibles entre la sociedad tamaulipeca. Salvo algunas excepciones, se trata de nombres que no figuran en el imaginario público, lo que plantea una pregunta inevitable: ¿qué tan informados votarán los ciudadanos?

    El periodo de campaña arranca el 30 de marzo y concluye el 28 de mayo. Pero en esta contienda no basta con desplegar mensajes en redes sociales o contratar espacios publicitarios, ser entrevistados por medios de comunicación. La operación territorial será determinante. En un proceso donde la difusión institucional apenas empieza a caminar, quien tenga estructura, amigos y capacidad de movilización tendrá la ventaja. 

    Ser simpático, conocido o al menos tener quien lo recomiende, no contará menos que tener un expediente impecable. La figura de algunas abogadas y abogados, no siempre es la más relajada. Lo que nos recuerda que para tener amigos, hay que ser amigo. Y esas relaciones están por capitalizarse en las urnas. 

    Los topes de gasto reflejan la seriedad de la contienda. En Tamaulipas, quienes busquen cargos como magistrados o jueces de instancias superiores podrán gastar hasta 954 mil pesos; los aspirantes a jueces de primera instancia, hasta 63 mil. Cifras superiores incluso a las que establece el Instituto Nacional Electoral para jueces federales. La cifra revela que esta es una contienda real, con reglas, dinero y una estructura que exige estrategia. Y por tanto, con riesgos.


    A siete días del inicio de la campaña judicial, más valdría tener ya un plan muy bien definido de cómo conseguir votos para el 1 de junio. 

    A la par de la formalidad jurídica y la evaluación de méritos, esta elección pone sobre la mesa las interrogantes políticas, ¿qué papel jugarán los partidos, aunque se trate de una elección no partidista? ¿Intervendrán los alcaldes, sobre todo en municipios grandes o cabeceras de distrito? ¿Habrá presión desde los poderes locales o respaldo abierto a ciertos perfiles?

    El proceso es nuevo, pero las reglas de la política tamaulipeca no lo son. La elección directa de jueces y magistrados por parte de la ciudadanía se presenta como un avance democrático inédito, una ruptura con la tradición del dedazo y las designaciones opacas. Sin embargo, esta apertura también representa un campo fértil para que viejas estructuras intenten adaptarse y sobrevivir. En una tierra donde los equilibrios de poder suelen construirse en las sombras, el riesgo de que la elección judicial se convierta en una nueva arena de clientelismo y favores no es menor.

    La boleta electoral traerá consigo nombres, pero también relaciones. Detrás de cada aspirante habrá trayectorias profesionales, pero también alianzas políticas, padrinazgos, influencias y capitales invertidos. Que el pueblo elija no garantiza, por sí mismo, una justicia más justa. Si no se acompaña de mecanismos de fiscalización rigurosos, de una prensa libre y de una ciudadanía vigilante que cuestione, esta elección podría convertirse en una simple pasarela para que los mismos actores de siempre ahora se pongan una toga, o para que poderosos intereses coloquen a sus alfiles en el tablero, y así, disponer de un sistema de procuración de justicia y usarlo a su favor. 

    Mucho dependerá de la transparencia del proceso, de la vigilancia activa de los actores sociales y del compromiso ético de los propios candidatos. Quienes aspiren a estos cargos deberán entender que no basta con cumplir el perfil técnico, exhibir experiencia o mostrar conocimiento jurídico. También deberán explicar con claridad cómo financiarán sus campañas, a quién representan realmente y cuál será su postura frente a la presión política o económica que inevitablemente acompaña al poder judicial.

    Con la boleta en camino y las campañas por iniciar, Tamaulipas se adentra en un experimento institucional sin precedentes. Elegir a quienes impartirán justicia no es un acto menor. Será una prueba para la madurez democrática de la entidad y una oportunidad para corregir el rumbo de una justicia históricamente marcada por la opacidad. Pero también será una muestra de que el mérito, por sí solo, nunca ha sido suficiente. En esta elección, como en muchas otras, también contará saber cómo llegar, con quién hacerlo y cuánto se está dispuesto a gastar para lograrlo.

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  • La tormenta económica que se avecina

    La recesión ya no es una hipótesis, es un diagnóstico adelantado. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ha encendido las alarmas, si los aranceles de 25% que Donald Trump ha prometido aplicar a México entran en vigor en abril, la economía mexicana sufrirá una contracción del 1.3% en 2025 y del 0.6% en 2026. Entre los países del G20, México es uno de los más afectados por la guerra comercial.

    El golpe será demoledor. En un país donde el 80% de las exportaciones tienen como destino Estados Unidos, encarecer los productos mexicanos equivale a desajustar la estructura misma de la economía. La OCDE ha recalculado sus proyecciones en apenas tres meses, asumiendo que este nuevo muro comercial alterará las reglas de juego. La clave del problema no está solo en las tarifas, sino en la incertidumbre.

    Tamaulipas se encuentra en una posición especialmente vulnerable. Como uno de los cinco principales estados exportadores del país, con un comercio exterior de 34 mil millones de dólares en 2024, la entidad depende del flujo constante de bienes hacia Estados Unidos. La manufactura, la industria maquiladora y la logística transfronteriza son ejes de su economía, pero con las nuevas tarifas, la competitividad de estos sectores se verá comprometida. Las empresas que operan en la frontera podrían enfrentar costos más altos, tiempos de entrega más largos y una incertidumbre que frena las inversiones.

    En ciudades como Reynosa, Matamoros y Nuevo Laredo, donde una parte importante de la actividad económica está ligada al comercio exterior, el riesgo es aún mayor. La industria automotriz, de autopartes y la manufactura electrónica podrían ser las primeras en resentir la crisis, con ajustes en producción y potenciales despidos. La tensión también se trasladará al sector logístico, ya que Tamaulipas es la puerta de entrada para miles de camiones que cruzan diariamente a Texas. Si la economía del estado desacelera, el impacto será inmediato en el empleo y en la estabilidad de cientos de empresas que dependen de la exportación. El estado, que por su ubicación estratégica ha sido una pieza clave del comercio con EE.UU., se encuentra en la primera línea de esta tormenta comercial.

    En tanto, el gobierno de Claudia Sheinbaum se aferra a la posibilidad de que la amenaza no se concrete. La mandataria ha insistido en que los decomisos de fentanilo han disminuido y en que México no aplica aranceles a Estados Unidos, lo que en teoría debería frenar la imposición de represalias comerciales. Recordemos que el pasado viernes afirmó que, si de todas maneras Estados Unidos decidía poner tarifas en ciertos productos, su gobierno tomaría medidas de manera recíproca.

    Pero el daño ya está hecho. La sola posibilidad de los aranceles ha paralizado inversiones, ha encarecido planes de expansión y ha puesto a las empresas en modo de supervivencia.

    Las consecuencias no se limitan al PIB. La OCDE también advierte que la inflación en México permanecerá elevada, alcanzando el 4.4% en 2025 y el 3.5% en 2026, cifras más altas de lo proyectado hace apenas unos meses. El encarecimiento de los productos importados y la caída en la producción nacional generarían un círculo vicioso en el que los precios subirían, pero el crecimiento se estancaría.

    El impacto en el empleo será inmediato. La incertidumbre ahuyenta inversiones y paraliza decisiones de contratación. Sectores como el automotriz y el de autopartes, que dependen de la integración con Estados Unidos, enfrentan un dilema, asumir los costos o trasladarlos a los consumidores. Eric Farnsworth, vicepresidente del Council of the Americas, no deja margen para la duda: «La economía mexicana ya estaba en apuros y los nuevos aranceles podrían hundir al país en una profunda recesión».

    La OCDE plantea dos escenarios. En el primero, la guerra comercial escala y México enfrenta un periodo prolongado de contracción económica. En el segundo, se logra una negociación en el marco del T-MEC que atenúa el impacto de los aranceles. Pero incluso en este último caso, el crecimiento proyectado sigue siendo mediocre, 0.1% en 2025 y 0.8% en 2026.

    México no puede permitirse entrar en una guerra de represalias, pero tampoco puede quedarse inmóvil ante un castigo económico unilateral. La próxima ronda de negociaciones será decisiva para definir si el país logra contener la crisis o si, como anticipa la OCDE, enfrenta su primera recesión en una década.

    La economía se mueve entre la cautela y el miedo. ¿Trump provocará un nuevo giro de última hora o se desatará la tormenta económica en ambas naciones?

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  • Comercio, justicia y una verdad pendiente

    Las exportaciones se aceleran. Las notarías están bajo la lupa. Un crematorio en Reynosa genera debate. Mientras tanto, el gobernador de Tamaulipas presenta su tercer informe, destacando inversiones y obras de infraestructura que buscan fortalecer la competitividad del estado en medio de un panorama mundial incierto. El estado parece avanzar entre temas que exigen respuestas y decisiones, mientras la duda sigue marcando la conversación pública de la economía mundial.

    El fenómeno de las exportaciones de pánico es la prueba más reciente de la fragilidad de la relación comercial entre México y Estados Unidos. Ante la amenaza de un arancel del 25% a las mercancías mexicanas, las empresas han optado por producir al máximo para adelantarse a una medida que aún no se concreta, pero que ya genera estragos. En sectores clave como el automotriz, el eléctrico-electrónico y la línea blanca, las plantas están operando a plena capacidad.

    “No es una estrategia, es una reacción”, advierte Felipe Pearl Zorrilla, presidente del Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior en Tamaulipas. Si hay oportunidad de vender antes de que el costo se dispare, se hará. Pero el problema no es solo el dinero, sino la incertidumbre. Porque el mensaje de Washington es claro, lo que hoy es una amenaza, mañana puede ser una realidad.

    México ya vivió esta historia en 2019, cuando el entonces presidente Donald Trump amagó con medidas similares. Y aunque en aquella ocasión el conflicto se desactivó con negociaciones, la lección quedó grabada en la memoria del sector empresarial, cualquier decisión política puede traducirse en un cambio abrupto en las reglas del comercio. Y esta vez, la sombra de los aranceles vuelve a proyectarse sobre la frontera.

    Las consecuencias no solo afectan a las compañías que exportan. La industria del acero y el aluminio, con fuerte presencia en Nuevo León, Coahuila y el Estado de México, también se encuentra en la mira. “No sabemos aún el impacto total en Tamaulipas”, reconoce Pearl Zorrilla, pero si las siderúrgicas y los proveedores de aluminio ven reducida su actividad, el golpe se reflejará en la cadena productiva, el empleo y la economía regional.

    En este contexto comercial, Tamaulipas busca fortalecer su competitividad con proyectos de infraestructura. Este sábado, durante su tercer informe de gobierno en Tampico, el doctor Américo Villarreal Anaya destacó el avance en el puerto de Matamoros, una obra clave que pronto permitirá la salida del primer navío desde este punto estratégico.

    Este puerto se perfila como un motor fundamental en la conectividad y el crecimiento económico de la región. Su ubicación estratégica lo convierte en un enlace crucial con mercados de gran relevancia en África, Centroamérica, Estados Unidos, Europa y Sudamérica.

    Más allá del impacto logístico, se espera que esta infraestructura genere nuevas fuentes de empleo, en especial para los habitantes de Matamoros, consolidando a Tamaulipas como un nodo de exportación aún más fuerte.

    Además, el gobernador subrayó la llegada de nuevas inversiones al estado. Destacó que el grupo Walmart invertirá 2,500 millones de pesos en Tamaulipas, con la apertura de diversos centros comerciales distribuidos en distintos puntos de la entidad. También mencionó que Tamaulipas ha consolidado su posición como el quinto estado exportador del país, alcanzando un volumen de 34,277.4 millones de dólares, lo que representa el 6.4% del total nacional.

    Esta semana, un crematorio en Reynosa ha generado un debate que escaló hasta la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum.

    Lo que comenzó como una denuncia de colectivos de búsqueda derivó en una polémica sobre si se trataba de un sitio clandestino o un establecimiento autorizado. La confusión creció en redes sociales y el caso escaló a nivel nacional.

    El gobierno federal ha prometido que el lunes se dará un informe detallado sobre el tema. La mandataria ha pedido paciencia y aseguró que la investigación será basada en evidencia científica y transparencia.

    Y mientras la atención se centra en las exportaciones y en el caso del crematorio, una investigación sacude a las notarías públicas de Reynosa. No es común que se revise la actividad de los fedatarios. Lo que parecía un acto administrativo más ha terminado por abrir una discusión sobre la fe pública y el poder notarial en Tamaulipas.

    La revisión abarca a varios notarios. Las razones exactas de la indagatoria no se han hecho públicas, pero el proceso pone sobre la mesa un tema incómodo, ¿cómo opera el sistema notarial en una entidad donde la legalidad y la influencia política han ido, muchas veces, de la mano? En Tamaulipas, las notarías han sido históricamente espacios de poder. No es casualidad que sus titulares suelan tener vínculos con las administraciones en turno y que sus nombres aparezcan en círculos de influencia.

    La sola existencia de esta auditoría es suficiente para despertar dudas.

    La semana cierra con más preguntas que respuestas. La frontera sigue expectante sobre el futuro del comercio con Estados Unidos. Reynosa aguarda una explicación oficial sobre el crematorio. Las notarías están en el centro del escrutinio.

    En medio de esta incertidumbre, el informe del gobernador Américo Villarreal Anaya muestra una visión de crecimiento basada en la infraestructura y la inversión. Tamaulipas busca proyectarse como un actor clave en el comercio exterior y la conectividad logística.

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    Publicado en El Mañana de Reynosa:

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  • A cinco años de la pandemia

    Se cumplen cinco años del anuncio mundial de la catástrofe. El 11 de marzo de 2020, el mundo contuvo la respiración. La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaraba oficialmente la pandemia de COVID-19. Para muchos, fue el anuncio de algo que ya se sentía en el aire, la incertidumbre, el miedo, la sensación de que la normalidad estaba por romperse.

    Las imágenes que llegaban desde China eran cada vez más inquietantes. Pasillos de hospitales abarrotados, médicos con trajes de bioseguridad colapsando por el cansancio, gritos ahogados de pacientes que no podían respirar, gritos, empujones. En redes sociales circulaban videos de cuerpos inmóviles en las calles, de ambulancias que no daban abasto y de fosas comunes improvisadas en cementerios saturados. Wuhan se convirtió en el epicentro de una pesadilla que nadie entendía del todo, pero que pronto tocaría cada rincón del planeta.

    Pocas veces en la historia moderna la humanidad se había detenido por completo. Aquel marzo de 2020, los aeropuertos cerraron, las ciudades se vaciaron, los negocios bajaron cortinas y los eventos masivos se convirtieron en recuerdos lejanos. Las compras de pánico se apoderaron de supermercados y farmacias. Se acabaron el papel higiénico, los desinfectantes, las mascarillas. En pocos días, la vida cotidiana dejó de existir tal como la conocíamos.

    Los noticieros transmitían imágenes de hospitales en Italia desbordados, de pacientes intubados en estacionamientos de Nueva York, de filas interminables de ataúdes en España. América Latina no tardó en sumarse a la crisis. En Ecuador, cuerpos envueltos en sábanas aparecían en las calles, esperando ser recogidos por las autoridades. En México, los primeros casos confirmados provocaron una reacción desigual: algunos entraron en pánico, otros minimizaron la amenaza.

    En Tamaulipas, el primer caso se confirmó el 16 de marzo en Tampico. Se trataba de un hombre de 55 años, de origen malayo, que había llegado al estado días antes. Para entonces, el virus ya circulaba en el país, y pronto la entidad comenzó a registrar una escalada de contagios.

    El sistema de salud, frágil desde antes de la crisis, comenzó a resentir la presión. Se habilitaron hospitales temporales, se improvisaron áreas de atención en gimnasios y centros de convenciones. Pero aun así, los ventiladores no alcanzaban, el personal médico enfermaba y las imágenes de doctores con cubrebocas marcados en la piel se volvieron parte del día a día.

    Las cifras oficiales dimensionan el impacto de la pandemia en Tamaulipas, aunque los números reales podrían ser mucho mayores. Información de la Dirección General de Epidemiología del Gobierno Federal, actualizada hasta junio de 2023, indica que en el estado se registraron 187,320 casos confirmados de COVID-19 y 8,362 defunciones acumuladas.

    En Reynosa, una de las ciudades más golpeadas, se contabilizaron 29,337 casos y 1,746 defunciones. Sin embargo, los registros informales y los testimonios de médicos y familiares apuntan a una realidad aún más devastadora. Muchos familiares, amigos y conocidos nos dejaron en los días más complicados, el anuncio constante de vidas perdidas dejó registro en las imágenes y mensajes de las redes sociales. 

    Los hospitales colapsaron. En Reynosa, el IMSS y el Hospital General se vieron rebasados. Las salas de urgencias se convirtieron en zonas de batalla donde los médicos tenían que elegir a quién dar atención prioritaria. Las farmacias agotaron los medicamentos esenciales, las funerarias dejaron de dar abasto y muchas familias se vieron obligadas a velar a sus muertos en casa. Negocios de la región dedicados a la venta de oxígeno como INFRA estuvieron sumamente llenos de gente en búsqueda de llenar sus tanques para salvarle la vida a alguien. 

    Las cifras oficiales solo muestran una parte de la tragedia. En el peor momento de la pandemia, los crematorios operaban sin descanso. Muchas personas murieron en sus hogares, sin haber podido acceder a atención médica, y no todas esas muertes quedaron registradas en los conteos oficiales. Muchos otros llevaron a sus familiares a los hospitales… y nunca más los volvieron a ver con vida, recibían la noticia del deceso y después, una bolsa con las cenizas. Una verdadera tragedia por doquier. 

    Hoy recordamos como la pandemia dejó al descubierto una fractura que ya existía, la desigualdad social. Mientras algunos podían cumplir la cuarentena con la seguridad de un sueldo fijo y acceso a servicios médicos privados, otros enfrentaban la crisis con un dilema imposible: salir a trabajar o no comer.

    Cinco años. Qué rápido pasó el tiempo. 

    En las calles de Reynosa, Nuevo Laredo, Matamoros, Ciudad Victoria o Tampico, los vendedores ambulantes nunca dejaron de ofrecer su mercancía. Los obreros en las maquiladoras siguieron produciendo insumos médicos, autopartes, componentes electrónicos. El riesgo no era opcional. Quedarse en casa o salir por el sustento propio y de la familia. 

    La brecha entre quienes podían resguardarse y quienes no, fue más evidente que nunca. Las clases en línea dejaron fuera a miles de niños sin acceso a internet, muchos pequeños negocios quebraron, las familias de bajos recursos enfrentaron no solo el miedo al virus, sino la angustia de no saber si habría comida al día siguiente.

    En Tamaulipas la actividad económica del estado cayó en su momento por la pandemia. La pérdida de empleos en la industria maquiladora fue significativa. El sector, que en su momento fue esencial para la producción de insumos médicos y equipos de protección, se vio afectado por la disrupción en la cadena de suministro global.

    A nivel nacional, la economía sufrió un desplome sin precedentes. El PIB cayó un 17.1% en el segundo trimestre de 2020, la peor contracción en la historia reciente de México. La crisis económica golpeó con más fuerza a los sectores informales, a los pequeños comerciantes, a los trabajadores que no tenían la opción de hacer «home office».

    Hágase esta pregunta y responda con sinceridad. ¿Realmente ya olvidamos todo este terrible episodio?

    Cinco años después, la pandemia parece un episodio borroso en la memoria colectiva. Los cubrebocas han quedado en cajones, las vacunas son un trámite más en el calendario de salud, las calles están llenas otra vez. Pero las cicatrices siguen ahí. 

    Los hospitales recuperaron su rutina, pero las pérdidas siguen pesando en miles de familias. La crisis económica dejó estragos que aún no se resuelven, como negocios que nunca volvieron a ver la luz. El miedo se ha diluido, pero la fragilidad del sistema quedó expuesta.

    El COVID-19 ya no ocupa titulares, pero el mundo que dejó atrás sigue reconstruyéndose. Y la pregunta sigue en el aire: ¿aprendimos algo?

  • Incertidumbre como estrategia

    La amenaza de los aranceles no es solo un golpe comercial, es una declaración política. Donald Trump lo sabe bien. Más allá de si se aplican o no, la mera insinuación de restricciones comerciales ya provoca el efecto que busca: generar incertidumbre. En el mundo de los negocios, la estabilidad es un activo tan valioso como el capital. Si un inversionista duda sobre si México será un lugar seguro para fabricar, expandirse o trasladar su producción, la batalla ya está parcialmente ganada para el discurso proteccionista del expresidente estadounidense.

    El objetivo es evidente, presentar a México como un socio poco confiable, un país en el que las reglas del comercio pueden cambiar de un momento a otro, en el que instalar una fábrica podría significar enfrentarse a una barrera arancelaria inesperada. Un escenario cambiante es un arma que se esgrime sin necesidad de aplicar medidas concretas. La simple mención de restricciones comerciales puede frenar inversiones, reconfigurar planes de expansión y afectar la competitividad de sectores clave. Y aunque hoy los aranceles siguen en el aire, el solo hecho de que se hable de ellos ya ha generado movimientos en los mercados y en la industria manufacturera.

    El sector privado en la frontera ya siente la presión. Empresarios han advertido sobre las consecuencias que la incertidumbre comercial está generando en la industria maquiladora.

    La Cámara de Comercio de Reynosa y la Coparmex advirtieron que la industria maquiladora enfrenta un escenario complejo. El presidente de la Canaco Reynosa, Gildardo López Hinojosa, afirmó que la imposición de aranceles del 25% pone en riesgo la permanencia de 145 mil empleos en la industria manufacturera de la región.

    En tanto, la Coparmex también alertó sobre la inestabilidad que generan estas medidas. Su presidente, Heberardo González Garza, destacó que la cadena de suministro entre México y Estados Unidos perderá competitividad debido al encarecimiento de insumos y a la disrupción de procesos productivos que dependen del comercio transfronterizo.

    No es un tema menor. En esta región, el 55% del empleo formal depende de la manufactura de exportación. La relación con Texas no es opcional, es la base de un ecosistema económico profundamente integrado. 

    Texas, el principal estado exportador de Estados Unidos, mantiene una relación económica estrecha con México. En 2023, envió bienes y servicios al exterior por un valor de 444 mil 600 millones de dólares, representando el 22% del total nacional. Con Canadá, México y China como sus principales socios comerciales, el impacto de las nuevas tarifas ya se percibe en distintos sectores económicos del estado.

    Los efectos directos no tardaron en hacerse sentir. La Cámara de Comercio de Laredo, el puerto terrestre más grande del país, alertó en un comunicado que los aranceles golpearán tanto a los consumidores como a las empresas del estado. En la misma línea, los alcaldes de San Antonio y Arlington, Ron Nirenberg y Jim Rossa, dirigieron una carta a los dos senadores texanos en el Congreso estadounidense para manifestar su preocupación por los efectos adversos en la industria manufacturera automotriz.

    “Los aranceles representan una amenaza seria para el poder adquisitivo y los trabajos de los tejanos”, afirmaron los alcaldes en un documento, en el que señalaron que más de 10 mil empleos en sus ciudades dependen de la producción de camionetas pick-up de Toyota y General Motors. El mensaje es claro, la imposición de barreras comerciales no solo afecta a México, sino que también sacude la estabilidad económica de Texas y de todo Estados Unidos.

    En medio de este escenario, el gobierno de Claudia Sheinbaum ha apostado por mantener la estabilidad. La salida de Rogelio Ramírez de la O de la Secretaría de Hacienda, anunciada desde el inicio de la administración, se ejecutó en un contexto calculado para evitar sobresaltos en los mercados. La llegada de Edgar Amador Zamora como su reemplazo busca enviar una señal de continuidad. No hay improvisación, no hay cambios abruptos, solo un ajuste en la estructura gubernamental que no debe interpretarse como un giro en la política económica del país.

    Ramírez de la O, considerado el economista más influyente del país, permanecerá como asesor de la presidencia, lo que da cuenta del interés del gobierno por mantener una línea económica predecible, proyectar una imagen consistente, sin cambios radicales. Para un país que enfrenta una narrativa pesada proveniente de Estados Unidos, mantener la confianza de los inversionistas se ha vuelto una prioridad.

    El golpe a la industria automotriz es innegable. La producción y exportación de vehículos han mostrado signos de desaceleración. En febrero, las exportaciones de autos mexicanos cayeron un 9.2% en comparación con el mismo mes del año pasado.

    Las grandes armadoras estadounidenses han hecho presión sobre el gobierno de Trump para retrasar la imposición de aranceles a los vehículos importados desde México y Canadá. Por ahora, la administración estadounidense ha decidido postergar esta medida hasta abril, pero la industria de autopartes sigue sin claridad.

    La Agencia Nacional de Proveedores del Sector Automotriz ha señalado que la exclusión de las autopartes de la exención arancelaria es una de las mayores preocupaciones del sector. De acuerdo con la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz, si los aranceles entran en vigor, los costos de producción en Estados Unidos podrían aumentar entre un 15% y un 30%, lo que impactaría a consumidores y talleres mecánicos.

    La industria automotriz mexicana exporta el 80% de su producción a Estados Unidos, lo que representa el 20% del parque vehicular de ese país. Cualquier alteración en la cadena de suministro puede generar alteraciones de gran escala.

    Lo que está en juego no es solo el comercio, sino la estabilidad de un modelo económico que ha permitido la integración de Norteamérica durante décadas. México ha demostrado ser un socio confiable para la economía estadounidense, pero los ataques constantes desde Washington siembran dudas sobre el futuro de la relación.

    La renegociación del T-MEC en 2026 se perfila como el próximo gran campo de batalla. Pero, por ahora, con un panorama en constante cambio, la clave será anticiparse a los movimientos y no solo reaccionar a ellos. La incertidumbre no puede marcar el rumbo.

    Publicado en El Mañana de Reynosa

  • Dos ciudades, dos mundos laborales

    En las calles de Reynosa, las ‘peseras’ que llevan a los trabajadores de las maquiladoras comienzan su recorrido antes del amanecer. Hombres y mujeres, algunos aún somnolientos, se acomodan en los asientos con la vista perdida en la ventana, mentalizados para una jornada larga en la línea de producción. Mientras tanto, en Tampico, el bullicio del comercio despierta con los primeros rayos de sol. Vendedores acomodan sus productos, comerciantes alistan sus tiendas, y los meseros de las cafeterías preparan las mesas para los primeros clientes del día.

    Dos ciudades, dos maneras distintas de entender el trabajo. Si bien ambas comparten un fuerte dinamismo económico y tasas de empleo relativamente altas, las condiciones laborales que enfrentan sus habitantes son radicalmente diferentes. La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo con corte del cuarto trimestre del 2024, expone varias realidades. Mientras Reynosa se erige como una ciudad industrial, donde la maquila y la manufactura de exportación estructuran el mercado de trabajo, Tampico es una ciudad de servicios, donde el comercio y la venta de productos marcan el ritmo de la economía.

    Pero la pregunta clave es, ¿cuál de estos modelos permite una mejor calidad de vida para sus trabajadores?

    Reynosa y Tampico son dos de las ciudades más importantes de Tamaulipas, pero su realidad económica y laboral es completamente distinta. Ambas tienen tasas de empleo relativamente altas y una participación activa en la economía, pero la forma en que generan trabajo y las condiciones en las que se labora marcan la diferencia. Mientras una es impulsada por la industria, la otra depende del comercio. Dos maneras distintas de ganarse la vida.

    En Reynosa, casi la mitad de la población trabajadora de la ciudad está empleada en la industria manufacturera, en esas enormes fábricas que ensamblan productos para exportación. Este sector ha sido clave para reducir el desempleo a apenas un 2.5%, un número bajo si se compara con otras ciudades. Pero tener empleo no significa necesariamente tener buenas condiciones laborales.

    Las jornadas suelen ser largas, con turnos que en ocasiones superan la diez horas, en los que el tiempo de descanso es mínimo y la repetición de tareas se vuelve una rutina mecánica. Aunque estos empleos ofrecen estabilidad y prestaciones que no se encuentran en otros sectores, los salarios no siempre alcanzan para cubrir el costo de vida. Un dato lo confirma, más de la mitad de los trabajadores de Reynosa, un 51.8%, se encuentra en lo que los expertos llaman “crítica laboral”, una clasificación que agrupa a quienes trabajan en condiciones precarias, con sueldos bajos o jornadas extenuantes.

    Tampico es una ciudad completamente distinta. Aquí, en lugar de fábricas y líneas de ensamblaje, lo que dicta el ritmo del trabajo es el comercio, los restaurantes, las tiendas y el comercio en las calles, ‘los rodantes’. Más del 76% de los trabajadores tampiqueños están en el sector terciario, es decir, en la venta de productos y servicios. Hay algo atractivo en este modelo, es más flexible, permite a muchas personas conseguir trabajo con mayor facilidad y ofrece más oportunidades para quienes buscan empleo sin demasiada experiencia. Pero esa misma flexibilidad es también su mayor debilidad.

    En Tampico, casi la mitad de los trabajadores están en la informalidad. Un 42.8% de ellos no cuenta con seguridad social, prestaciones ni garantías laborales, lo que significa que si un día no trabajan, ese día no tienen ingresos. Para muchos, la incertidumbre es constante. No hay contratos que aseguren estabilidad, no hay beneficios que les protejan ante una enfermedad o un problema financiero. La tasa de desempleo también es más alta en Tampico que en Reynosa: 3.4% frente al 2.5%. Encontrar trabajo en Tampico es más sencillo, pero mantenerse en él sin preocupaciones es otra historia.

    Si se comparan ambas ciudades, la diferencia es clara, Reynosa ofrece estabilidad, pero a un costo alto en términos de calidad de vida; Tampico ofrece flexibilidad, pero con el riesgo de la inestabilidad y la falta de derechos laborales. No se trata de decidir cuál modelo es mejor, sino de preguntarse qué pueden hacer ambas ciudades para mejorar. 

    Un reto importante es continuar mejorando la calidad del empleo en Reynosa. La estabilidad laboral que ofrece la industria manufacturera es un factor clave en su economía, pero aún hay espacio para fortalecer las condiciones de trabajo. Avanzar hacia esquemas que promuevan mejores salarios, horarios más balanceados y oportunidades de crecimiento profesional contribuiría a consolidar un entorno laboral más sostenible y competitivo.

    En Tampico, el dinamismo del comercio y los servicios ha sido un pilar fundamental del empleo, pero la formalización sigue siendo un desafío. Fortalecer la integración de más trabajadores al mercado formal permitiría ampliar el acceso a seguridad social y estabilidad laboral, generando así un ecosistema económico más equitativo. Impulsar estrategias para reducir la informalidad puede traducirse en mayor certeza para quienes dependen del sector y en un desarrollo más sólido para la ciudad.

    Detrás de cada estadística hay historias. Hay madres y padres que trabajan turnos dobles en una maquiladora para que sus hijos puedan estudiar. Hay jóvenes que intentan abrirse camino vendiendo productos en un mercado informal. Hay empleados de restaurantes que no tienen días de descanso garantizados. Hay trabajadores que, aunque tienen empleo, sienten que su esfuerzo diario apenas les alcanza para sobrevivir.

    Reynosa y Tampico seguirán avanzando, cada una con su propio ritmo y particularidades. El verdadero reto no es solo generar más empleos, sino garantizar que estos ofrezcan estabilidad y oportunidades reales de crecimiento. Porque el verdadero crecimiento no se mide solo en tasas de ocupación. Se mide en calidad de vida.

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    Publicado originalmente en El Mañana de Reynosa

  • El reloj avanza y la frontera se redefine

    El reloj avanza y la sombra del proteccionismo vuelve a colocarse sobre la economía mexicana. Donald Trump ha confirmado que, a partir de marzo, Estados Unidos impondrá un arancel del 25% a las importaciones de México y Canadá. En el discurso, la justificación es la misma de siempre, seguridad, narcotráfico, inmigración. En la práctica, la medida responde a un cálculo político y económico. Lo que está en juego es la competitividad de la manufactura mexicana, por supuesto, incluida la instalada en Tamaulipas.

    El panorama económico de la frontera enfrenta retos clave. Los aranceles pondrán a prueba la fortaleza del sector productivo tamaulipeco, mientras que el programa Hecho en México busca impulsar el contenido nacional en una economía regional dependiente de la exportación. A la par, la oferta laboral para repatriados sigue siendo limitada. En este escenario, el estado se encuentra en un punto donde la capacidad de adaptación definirá su papel en el intercambio comercial binacional.

    La frontera ha aprendido a moverse en medio de la incertidumbre. En 2018, la administración Trump aplicó aranceles similares, pero el golpe fue menor porque solo afectaron materias primas. Esta vez, la medida incluye autopartes, electrodomésticos y productos electrónicos, afectando un universo mucho más amplio de la economía. De acuerdo con un análisis del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), los bienes alcanzados por el nuevo arancel representaron más de 20 mil millones de dólares en exportaciones en 2024, lo que equivale al 4.7% del total de exportaciones mexicanas y al 1.5% del PIB nacional. Se trata de un impacto de otro orden, con efectos en manufactura, empleo y crecimiento regional.

    El sector automotriz, piedra angular de la industria en Tamaulipas, es uno de los más expuestos a los golpes de la Oficina Oval, de las 123 fracciones arancelarias incluidas en la proclamación presidencial, 68 corresponden a la industria automotriz, desde sistemas de aire acondicionado hasta accesorios para carrocerías. Solo estas fracciones sumaron más de 7,719 millones de dólares en exportaciones a EE.UU. en 2024. Para una industria que opera bajo márgenes muy vigilados por los corporativos y con decisiones estratégicas globales, un arancel del 25% puede ser la diferencia entre la expansión o la reconfiguración de su cadena de producción.

    La manufactura fronteriza se enfrenta a un doble desafío. Por un lado, las maquiladoras de la región son un motor de empleo, pero operan bajo un modelo que depende de la exportación de productos terminados a Estados Unidos. Por otro, la estrategia de la presidenta Claudia Sheinbaum para impulsar el programa Hecho en México choca con una realidad estructural, la mayoría de las empresas no generan contenido nacional, sino que ensamblan y exportan. La pregunta es si este plan puede realmente fortalecer la integración de productos mexicanos en un sector que históricamente ha sido dependiente de insumos extranjeros, y cómo sería posible que las empresas se inserten a las cadenas productivas en este contexto. 

    Sumado a todo este panorama, Tamaulipas enfrenta un reto laboral en su papel como una de las principales puertas de regreso para los migrantes repatriados. A pesar de ser un estado clave en la contención de migrantes repatriados, su capacidad para ofrecerles empleos sigue siendo limitada. De los 50 mil puestos de trabajo disponibles a nivel nacional, a través de las empresas que agrupa el poderoso Consejo Coordinador Empresarial, solo 590 se encuentran en la entidad, una cifra significativamente menor en comparación con estados como Nuevo León (7,379) y Coahuila (2,676). 

    Cuando se anunció la estrategia para facilitar la inserción laboral de los repatriados, el CCE le manifestó a la presidenta Claudia Sheinbaum su disposición para generar oportunidades en distintos estados del país. Estamos hablando de un gigante que concentra a más de 2 mil empresas y el 80% del PIB nacional, pero cuyo peso aún no se traduce en oportunidades reales para los repatriados en Tamaulipas.

    Mientras las amenazas arancelarias avanzan y cada vez parecen más reales, los empresarios buscan estrategias para mantenerse cerca del poder. Algo muy interesante está sucediendo en Monterrey, donde la élite empresarial ha encontrado una nueva vía de influencia en Washington, el acceso directo a la administración de Trump, con un precio de entrada de 250 mil dólares. Un grupo, encabezado por la activista Betty Cárdenas, ha impulsado la coalición Bienvenido Empresarios, que ofrece membresía a un club selecto con acceso a reuniones privadas con el círculo de influencia del mandatario norteamericano. En un contexto donde la política comercial de Estados Unidos es más volátil que nunca, los regiomontanos buscan posicionarse no solo como actores económicos, sino como jugadores clave en la toma de decisiones.

    Esta relación entre la élite empresarial y el trumpismo no es casualidad. En 2021, México demandó a fabricantes de armas estadounidenses por facilitar el tráfico ilegal de armamento al país. Entre los acusados se encontraba la Asociación Nacional del Rifle (NRA), con la que Cárdenas mantiene fuertes vínculos. Su influencia no solo radica en el comercio, sino en la política migratoria y de seguridad, cuestiones que el presidente norteamericano ha utilizado como excusa para justificar los aranceles. La estrategia de los hombres del dinero es clara, si el juego se inclina a favor del proteccionismo, la única opción es comprar un asiento en la mesa donde se firman las órdenes ejecutivas.

    Mientras Estados Unidos endurece su postura comercial, México apuesta por reforzar su contenido nacional, y los empresarios buscan blindarse ante la volatilidad política de Trump. La frontera no se detendrá, pero las reglas del juego están cambiando. La pregunta es quién logrará adaptarse en esta nueva era de reconfiguración económica.

    Publicado en El Mañana de Reynosa

  • Tamaulipas logístico, oportunidad para las nuevas generaciones

    Las fronteras nunca se detienen. A pesar de los cambios políticos, los aranceles o los discursos de campaña, el comercio entre México y Estados Unidos sigue su curso. Tamaulipas es un testigo y protagonista de esa realidad. Cada día, miles de camiones atraviesan sus puentes internacionales, cargados con mercancías que sostienen el abastecimiento de Norteamérica.

    El comercio exterior es uno de los pilares económicos de la región. En 2023, Tamaulipas exportó más de 34,200 millones de dólares, lo que representó el 6.4% del total nacional. Al tercer trimestre de 2024, sus exportaciones sumaban 27,300 millones de dólares, consolidándolo entre los cinco estados con mayor actividad exportadora del país. En este ecosistema, Reynosa se posiciona como un eslabón clave.

    El Puente Internacional Pharr es el termómetro más preciso de la actividad comercial, más del 35% de los productos agrícolas que México exporta a Estados Unidos pasan por aquí. La industria automotriz, la manufactura avanzada y el comercio de bienes electrónicos encuentran en esta frontera una vía estratégica.

    Nuevo Laredo, por su parte, reafirma su posición como el punto de cruce comercial terrestre más importante de América Latina. La instalación de la Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM) en la ciudad es un reconocimiento de su papel crucial en el comercio exterior. Con más del 40% del intercambio comercial con Estados Unidos pasando por esta frontera, la modernización de su infraestructura aduanera será determinante para la competitividad del país en los próximos años.

    Sin embargo, hay una contradicción en el crecimiento de Tamaulipas, mientras el comercio avanza, la disponibilidad de talento especializado no crece al mismo ritmo. La logística es un sector en auge, pero las generaciones más jóvenes no parecen ver en él una ruta de desarrollo profesional.

    El déficit de operadores de transporte de carga es un síntoma evidente de este fenómeno. Actualmente, voces en México apuntan una escasez de más de 60 mil conductores de camión, lo que ralentiza la cadena de suministro y encarece la movilidad de mercancías. Para hacer frente a esta crisis, el CONALEP Tamaulipas ha lanzado la carrera de Autotransporte en Reynosa, Mante, Nuevo Laredo y Tampico, con el objetivo de formar nuevos operadores capacitados. Se han instalado simuladores de conducción en su plantel del sur y se espera que lo hagan también en el resto, con la intención de mejorar la calidad en la formación de los futuros conductores.

    Pero el problema va más allá del transporte. La logística actual exige especialistas en análisis de rutas, comercio exterior, regulación aduanera y gestión de almacenes. Empresas multinacionales buscan analistas de comercio exterior y cumplimiento normativo; los parques industriales de Reynosa requieren administradores de cadena de suministro.

    Algunas instituciones educativas han comenzado a responder a esta demanda. La Universidad Tecnológica de Tamaulipas Norte (UTTN) ha fortalecido su vinculación con la industria logística. Recientemente, alumnos de la carrera de Logística visitaron Empaques Río Grande, en el Parque Industrial Reynosa, donde observaron de primera mano el ciclo completo de producción y distribución. La experiencia les permitió identificar cada etapa de la cadena de suministro y entender los procesos que intervienen en la entrega de un producto final. Más allá de una visita académica, la iniciativa aseguró espacios para futuras estadías de los estudiantes en la empresa, consolidando un puente directo entre la formación académica y el sector empresarial.

    Otras instituciones han seguido el mismo camino. El Instituto Internacional de Estudios Superiores (IIES) ha llevado a sus alumnos al Pharr Development and Research Center, donde han recibido capacitación en seguridad y normativas de comercio exterior. La Asociación de Agentes Aduanales de Reynosa, por su parte, ha abierto sus puertas a los estudiantes del CETIS #71 para acercarlos al mundo del despacho aduanero y la logística internacional.

    Mientras la región trabaja por cerrar la brecha entre la demanda de talento y la formación académica, el comercio sigue enfrentando incertidumbre. La posible reinstauración de políticas arancelarias bajo la administración de Donald Trump podría modificar la dinámica transfronteriza. Sin embargo, los expertos coinciden en un punto: los aranceles no eliminan el comercio, solo lo obligan a adaptarse.

    Estados Unidos y México están demasiado integrados como para romper la relación comercial. La cercanía geográfica y el marco del T-MEC siguen dando a México una ventaja estratégica que ni China ni otros mercados pueden igualar. El fenómeno del nearshoring, impulsado por la reconfiguración de cadenas de suministro globales, ha fortalecido el papel de Tamaulipas en la industria manufacturera. En este escenario, la negociación del secretario de Economía Marcelo Ebrard, de los términos comerciales por parte de México será determinante para mantener su competitividad.

    Más allá de las decisiones que se tomen en Washington o en Palacio Nacional, lo que definirá el futuro de Tamaulipas es su capacidad para formar el talento que requiere su industria. Mientras algunas regiones de México enfrentan mercados laborales saturados y opciones limitadas para los jóvenes, la logística sigue siendo un sector con demanda asegurada, salarios competitivos y oportunidades de crecimiento.

    El comercio internacional es un motor de esta región y seguirá creciendo en los próximos años. Sin embargo, si las nuevas generaciones no se capacitan y asumen el liderazgo en el sector logístico, Tamaulipas corre el riesgo de perder competitividad. Hoy, la frontera necesita jóvenes que entiendan su importancia y aprovechen el momento. Reynosa no solo es un punto de cruce, es un centro de oportunidades para quienes sepan verlas y prepararse para tomarlas.

    Publicado en El Mañana de Reynosa

  • Lo que Reynosa se juega en Washington

    Reynosa produce, pero no decide. Exporta, pero su futuro se juega lejos de sus fábricas, en las mesas de Washington. Como toda la frontera, su destino depende de negociaciones ajenas. Este jueves, los gobiernos de México y Estados Unidos discutirán aranceles, migración y seguridad en la Casa Blanca. Son temas de Estado, pero en la práctica, se traducen en empleos, inversiones y crecimiento… o en recortes, cierres y crisis.

    Detrás del primer acercamiento entre los equipos de Claudia Sheinbaum y Donald Trump hay algo más que diplomacia, está en juego la estabilidad de 134 mil trabajadores y de una ciudad que vive al ritmo del comercio bilateral.

    Cuando la presidenta mexicana envíe a Marcelo Ebrard y Omar García Harfuch a Washington, los titulares de economía y seguridad hablarán de entendimiento entre naciones, pero en Reynosa la preocupación será otra, si se mantendrán los empleos, si las fábricas seguirán exportando, si las reglas de juego no cambiarán de un día para otro.

    No es solo una ciudad fronteriza. Es el corazón industrial de Tamaulipas. Reynosa alberga 158 plantas manufactureras, genera el 43% del empleo maquilador del estado y mueve mercancías por más de 16 mil millones de dólares al año, de los cuales el 96.5% tiene como destino Estados Unidos, según el INEGI y la Secretaría de Economía. Su economía no depende solamente de México, sino de un tratado comercial que Washington pretende modificar, endurecer o reinterpretar a su antojo

    El Puente Internacional Reynosa–Pharr es la arteria principal del comercio binacional. Solo en 2022, 27,700 millones de dólares en exportaciones mexicanas cruzaron por ahí. Datos oficiales de Estados Unidos indican que en diciembre de 2024, 56,425 camiones se dirigieron al norte, un incremento del 5.59% respecto al mismo mes del año anterior. Y para dimensionar lo que está en juego, basta con un dato: en 2024, este puente generó 1.4 millones de dólares en ingresos por peajes de camiones.

    El sector automotriz es una pieza clave en este dilema. En 2023, Reynosa exportó 2,606 millones de dólares en partes y accesorios de vehículos, de los cuales el 97.8% tuvieron como destino Estados Unidos. Su competitividad depende del libre comercio. Pero también de los costos de producción.

    Ahí radica el riesgo. Un ajuste en los aranceles bajo el T-MEC no sería un problema técnico, podría desencadenar una crisis laboral. Cualquier incremento en los costos de exportación encarecería la producción y reduciría la rentabilidad de las maquiladoras, lo que impactaría directamente en el empleo. Empresas como Corning, Panasonic y LG, que hoy sostienen muchos empleos en la ciudad, dependen de la agilidad comercial con Estados Unidos. Si Washington aprieta, Reynosa resiente.

    Pero el problema va más allá de los aranceles. La migración en Reynosa no es un fenómeno temporal, es una constante. Miles de migrantes atraviesan la frontera, pero muchos se quedan. Una política migratoria más dura no solo generará mayor presión social en la frontera, sino que también afectará la disponibilidad de mano de obra en la industria maquiladora, donde la rotación de personal ya es alta.

    Si producir es vital, hacerlo con seguridad es esencial. Este punto es un factor clave para la competitividad industrial. Por eso, la presencia de García Harfuch en la Casa Blanca no es simbólica, es una prueba de que economía y seguridad son inseparables.

    No, no se esperan acuerdos inmediatos en esta reunión. Pero Reynosa debe entender que, aunque no tenga un asiento en la mesa, está en el centro del juego. Un mal acuerdo podría significar cierres de fábricas y pérdida de empleos. Una negociación favorable, en cambio, asegurará crecimiento y nuevos empleos.

    Por eso, para Reynosa, lo que se discuta en la Casa Blanca no es diplomacia, es el futuro.

    Publicado en El Mañana de Reynosa